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Ni un paso atrás, la vida continúa

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Una mañana rutinaria de primavera en una planta industrial en el Callao. Ocupado con los análisis en el laboratorio de control de calidad, yendo a planta a muestrear, analizar y comunicar. En esa frenética tarea diaria, me acompaña una radio con la misma estación de ayer, con el mismo locutor de ayer, los mismos chistes y las mismas canciones a las mismas horas. Los aromas también son los mismos, del comedor cercano llegan olores a fritangas y cafés junto con sonidos de murmullos de los comensales provenientes del turno de amanecida y uno que otro que empieza el día tratando de animarse comiendo. Pero hubo un ligero olor que reconocí al instante como amoniaco. De inmediato me acerqué a la refrigeradora donde se guarda el hidróxido de amonio y todo estaba sin novedad: el frasco reposaba ámbar y tranquilo conteniendo el compuesto. Pero el olor amoniacal llegaba cada vez más intenso. Abrí la puerta del laboratorio para ventilar y la intensidad aumentó. Recordé que la fábrica vecina utiliz...

No era tóxica, ¡sabía toxicología!

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  Ante la pandemia por el virus SARS-COV-2 poco a poco mediante el resultado del trabajo científico se va aprendiendo más, pero en ese ínterin empiezan a pulular por redes gran cantidad de teorías conspirativas e inspiradoras soluciones mágicas sin ninguna evidencia ni la rigurosidad del método científico. En ese contexto apareció el dióxido de cloro como panacea, los que lo defendían apelaban a una extraña lógica que confundía la limpieza de superficies con los compuestos químicos que se utilizan como medicina. Desde la aparición del WhatsApp se han formado grupos de amigos de las más diversas épocas de la vida: del colegio, la academia, el instituto, la universidad, los trabajos, etc. En el grupo de la universidad el debate estaba candente, por mi parte que con los años me he vuelto escéptico en casi todo aspecto, me inclinaba por los que no aceptaba (ni lo acepto) al dióxido de cloro como medicina. Los dejé discutiendo y me fui donde Wilfredo más conocido como Willy...

¿Qué sienten los que duermen en cuidados intensivos?

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    El verano llegó a Ventanilla donde todo es sol y alegría. Después de 2 años de pandemia por la infección que provocó el SARS-COV-2 por fin gracias a la vacunación masiva, la fiesta en la playa volvería al distrito. Pero ocurrió lo impensado: la empresa Repsol nos contaminó el mar con miles de barriles de petróleo. Ahora el ventanillense tendrá que buscar otras opciones de playas más lejanas, quizás por ello el especialista local en radiadores ardía no solo por el sol inclemente sino por el trabajo sin pausa, el radiador de mi auto necesitaba su auxilio urgente para que el motor pase fresco el verano En un organizado canchón en la auxiliar de la avenida Néstor Gambeta, entre la polvareda del viento marítimo casi fresco, podemos encontrar diversos negocios automotrices: un lavadero de autos, especialistas en frenos, suspensiones, planchadores, pintores y por supuesto a Willy el “radiadólogo”. Habría que esperar, cuatro vehículos antes que el mío. Provecho Willy. Pero en es...

Las huellas de un maestro

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  Aún recuerdo con nitidez las lecciones que me dejó. Incluso puedo precisar los años en que me enseñó: 1978 y 1979, cuando cursaba 5° y 6° de primaria en el colegio Claretiano de Trujillo. ¿El curso? Ciencias Histórico-Sociales. Pero curiosamente, su nombre se me había borrado de la memoria. Pregunté a varios compañeros de clase; todos evocaban sus enseñanzas, pero ninguno su nombre. Hasta que la prodigiosa memoria de mi amigo Kike Tantaleán lo rescató con nombre y apellidos completos: Mario Rojas Velezmoro. Gracias a él descubrí el placer de escribir. Nos dejó una tarea singular: cada uno de los 42 alumnos debía investigar entre familiares o conocidos alguna historia, mito o leyenda. Luego escribirla —a mano, si era necesario, pero con la mejor letra posible—, sacar 42 copias y hacer intercambios entre compañeros, como si fueran cromos de álbumes (por entonces reinaba el del Mundial Argentina 78). Así, al final del ciclo, cada uno tendría una antología con los 42 relatos del saló...

¿Qué hacemos con los panetones?

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  Advertencia: esto es ficción cualquier parecido con la realidad es solo casualidad. Llegó temprano a la oficina como de costumbre, pero ya la tarde anterior se había enterado: como nunca habían ordenado retirar los panetones. ¿Qué dirá el jefe? ¿Se habrá enterado? Recordó la conversación con Daniel –su jefe– hace tres meses. –¡Gómez! ¡No puede ser! ¡Tanto ha subido el costo de los panetones! –Daniel sorprendido y contrariado. –Sí, se ha incrementado 35% –Para colmo tenemos nuevo gerente y quiere hacer mérito, ¡no puedo darle esas cifras! –Subió el dólar, la inestabilidad política, la pandemia, la inflación…–Gómez lo tenía claro. –¿Me crees cojudo? ¡Claro que sé todo eso! Pero ¡no podemos subir tanto nuestros precios! ¡El año pasado la competencia nos ganó en precio y vendió más! –Pero esos son los costos que nos envían los de planta ¿me busco otro proveedor? –Sí, averigua otro proveedor y amenaza con irnos, no sé cómo haces Gómez, pero baja el precio por lo menos ...

Dulce experiencia diabética

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  En la búsqueda de bajar de peso encontré un canal de You Tube llamado Metabolismo TV, que si bien muchas de las informaciones que presenta no tienen sustento científico (me gusta que los videos muestren los enlaces de sus fuentes y que estas sean de revistas científicas), sí, me pareció rescatable el consejo de hacerse un estudio particular de cómo trabaja el metabolismo de cada uno. Para ello proponía comprar un glucómetro, tomarse la glucosa en ayunas, anotarla, ver si está en rangos normales que son de 80 a 100 mg/dl, comer, anotar lo comido y 2 horas después volverse a medir y si los valores son parecidos es que ese alimento ha caído bien, y si la glucosa aumenta demasiado es que engorda. Compré un glucómetro y empecé mi “estudio”, los rangos de glucosa en ayunas por lo general eran normales y poco a poco fui identificando los alimentos que la elevaban, pese a que nunca he sido de tener excesos con el alcohol, el tabaco y otras drogas, mi debilidad son los dulces: sabiendo ...

La inspiración del emprendedor del barrio bravo

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  Recibí una llamada un sábado por la mañana, la referencia era que le habían dado mi número en mi antiguo empleo, cada cierto tiempo tengo la suerte de recibir estas referencias por los buenos recuerdos compartidos en trabajos anteriores. –Quisiera que veas mi planta industrial. –¿Qué produce allí? –Todavía no estoy produciendo, pero quisiera que se fije en los detalles para poder ponerla en operación. ¿Podría venir hoy? –Claro. –Bien, mi planta queda en el Callao, pero por un tema de seguridad, venga sin auto, por favor espéreme a las 3 de la tarde en la puerta de Plaza Vea de Sáenz Peña. Acepté ir, y mientras esperaba en la puerta del supermercado me imaginaba muchas cosas: ¿por qué el tema de la seguridad? ¿No será que en vez de leche de soya produzca otra cosa? En eso estaba cuando apareció un taxi. –¡Ey Jorge! ¡Soy yo! ¡Suba rápido! Llegamos al Jr. Loreto, se veía todo tranquilo, aunque al proyectarme pensé que probablemente tendría dificultades para salir de ...