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Don Mode el sabio y el final de mi búsqueda

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  Eran mediados de los 90s. Conocí a una pitonisa que gozaba de gran prestigio en Argentina siendo peruana, aprovechando que estaba de paso visitando a su familia le hice una consulta sobre cómo ve mi futuro. Su método de adivinación era tomarte la muñeca entre sus dedos como tomando el pulso. Cerraba los ojos y veía: “Veo árboles, vivirás al frente de ellos y serás muy feliz”. Desde entonces busqué primero en Perú después por todo Sudamérica un lugar donde podría ser feliz frente a los árboles.  –¡Don Ata! ¿Porqué viajas tanto? En cuanto tienes unos días libres te vas –me preguntó Don Mode, un gran amigo y compañero de trabajo. –Porque estoy buscando pues Don Mode, busco el lugar lleno de árboles donde seré feliz que dijo la pitonisa. Renuncié al trabajo y dejé de ver a Don Mode. Pasados 15 años volví a trabajar con él. –¿Y don Ata? ¿Encontraste lo que tanto buscabas? ¿Encontraste tu casa frente a los árboles? –Nada don Mode, seguramente la pitonisa se equivocó. Uno de esos días llega

El pastor mentiroso

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  Aquella semana tenía en casa dos cosas por hacer que salían de la rutina de trabajar, comer y dormir: terminar de leer el libro de Paul Ekman “Cómo detectar mentiras”, y cambiar la puerta principal de madera por una metálica. Para el segundo objetivo nos recomendaron un maestro que además de carpintero metálico era pastor evangélico, cosa que le daba un plus de confiabilidad. Mientras avanzaba mi lectura el carpintero metálico avanzaba en la instalación de la puerta. Una vez terminado el trabajo, retirado y remunerado el “maestro”, nos percatamos que se había soltado una de las soldaduras. De manera que tomé mi auto y me acerqué a su taller. –Maestro, se ha desoldado una de sus costuras y la puerta se ha descentrado si desea lo llevo en el auto para que lo corrija, para usted seguro es algo simple. –Ahora no puedo, porque tengo que hacer otro trabajo –al mirarlo a los ojos según lo aprendido de Ekman, el pastor en contra de sus propios mandamientos ¡me mentía! Me fastidié.

El parroquiano virgen

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"Todo acabaré olvidándolo un día, excepto algunos besos" Lucian Freud (pintor)   A mis 19 años, mediados de los 80s, andaba triste. Me distraía entre los deberes de la universidad –primer año de ingeniería química–, los rechazos de la mujer que quería y el tener temas para escribir. Vivía en la urbanización Salamanca en Ate y un amigo –el primer amigo desde la infancia del que tengo recuerdo–, me contó que había ido al famoso “Cinco y medio”. –Pero ¿ese no es un telo? ¿Con quién fuiste? –Solo nomás, hay una zona al costado donde te atienden. Está 60 lucas. –Pucha, no me alcanza, además con lo que me pasó en “La Nené”, ni ganas de ir a esos sitios. –Este es distinto, hazme la taba, vamos para que sapees, estoy misio sino me meto de nuevo, ni pasaje vamos a gastar, esa vez fui porque me lo pagó un tío. Y fuimos caminando. Era martes, solo había un auto en el amplio estacionamiento con discreta luz. Dentro, era un acogedor ambiente con tenue luz verde no muy amplio –

Escuchando a seres de otros tiempos

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  La sesión empezaba a las cuatro de la tarde. Como siempre, unos llegamos agitados, pero puntuales –por lo general los que vivimos más lejos–, Aunque era bacán porque podíamos comentar los pormenores de la reunión anterior. Así, nos remontamos a épocas anteriores a la era actual, la importancia de Filipo II –padre nada menos que de Alejandro magno– en la reconstrucción de Macedonia, la formación de un ejército ordenado, sus intrigas,   utilizando el oro para sobornar a las autoridades de otros reinos, aumentando sus dominios. Cuando, por fin, atacó a la independiente Bizancio, estratégica para marchar sobre Atenas planificó atacar protegido por la noche, fracasando en el intento, al no contar con la aparición de la luna en cuarto creciente y su luz reveladora. Desde ese momento Bizancio rinde homenaje a la media luna y a la estrella del alba como si fueran dioses. –¿Qué espíritu nos tocará hoy? –Depende del maestro, debe tener los resultados de la encuesta. –¿Quiénes eran altern

Cucurrucucú

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Era de madrugada. Al ir al baño y prender la luz, escuché un inusual canto de paloma. Claramente la tonalidad de ese cantar era de reproche, pongámoslo en humano: eran improperios –por decir lo menos–. Así que tenía nuevos vecinos. Se habían instalado en el tragaluz aprovechando su malla protectora. A partir de ese momento, al azar de mis visitas al baño, me enteré de sus rutinas. Pude sentir los diversos estados de ánimo expresados en sus cantos: alegres al amanecer y pausados al final del día. Hasta escuché el frenético aleteo y sus gorjeos de placer de cuando se amaban, cuya frecuencia, lo declaro con hidalguía, me causó cierta envidia. Pronto –era de esperar–, llegó la prole. Su piar hambriento desde las ocho hasta las diez de la mañana hora en que llegaba un satisfactorio silencio seguramente por estar ya alimentados. Al comienzo no hubo mucho problema con ellas, incluso muchas veces trataba de no prender la luz para no molestarlas, y a veces –sin explicación, solo por perve

Vacunación en Ventanilla: entre penas y gran alegría

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Con la fecha y hora verificada en la página https://consultas.pongoelhombro.gob.pe/#/   me enteré de que mi vacunación para prevenir el temible COVID 19 me tocaba el jueves 1 de julio entre las 7 am y 8 am en el Liceo Naval Capitán de Corbeta Manuel Clavero Muga en Ventanilla. De manera que, con mi doble mascarilla, mi hoja de consentimiento llena y firmada con la rúbrica idéntica a la de RENIEC (para evitar a esa gente sensible con las formalidades), me enrumbé caminando. Llegué 6:55 am y me puse en la fila de aproximadamente cien metros de extensión. Se fue acumulando y acumulando la gente, al comienzo parecía el más joven de la cola –no sé por qué a los mayores les gusta madrugar–, pues conforme fueron llegando detrás, pude notar personas con aspecto más juvenil. El desayuno había sido ligero: unas galletas de soda con mermelada y un apurado café instantáneo. De manera que, a los 30 minutos de espera, el apetito hacía guiños. De un momento a otro se aparece una señora con dos panes

Matrimonio Huanca

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  Si bien es muy conocido mi sentido del ahorro, estimaba al novio de manera que haría un derroche en la compra del regalo: me fui al Mercado Central de Lima y en un arranque botarata compré una caja de copas de cristal originarias de la provincia china de Jiangsu. Me dije que tendría que, no solo el contenido ser valioso, sino parecerlo, de manera que lo llevé a que lo envolvieran profesionalmente. La boda se realizaría en la “incontrastable” ciudad de Huancayo, así que enrumbé hacia allá. Llevaría mi auto pues poner el preciado obsequio en la bodega de un bus por más vip que este sea, correría el riesgo de vulnerar su consistencia debido a su frágil y exquisita naturaleza. Me sorprendió que después de la ceremonia religiosa, la recepción sea en un coliseo. Desde una cuadra antes se escuchaba el ritmo de un cadencioso, pero a la vez alegre Huaylarsh, producida con maestría por un conjunto de saxofones, violines, clarinetes y arpas. La voz de un maestro de ceremonias animaba la r