Ciencia, literatura, amor, pasión, sensación, metafísica, sueños, comentarios, espiritualidad sin parcializarse en ninguna religión, sexualidad, misterio, filosofía en fin la vida misma desde la óptica de un ser humano común y especial a la vez.
Estudio sobre la Homosexualidad
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Eduard Punset es un divulgador científico Catalán, tiene muchos libros y un programa de TV llamado Redes cuyo objetivo es hacer conocer en palabras simples y explicaciones objetivas las complejidades de los estudios científicos.
Revisando en you tube su interesante programa observé el dedicado al estudio de la homosexualidad llamado Gays y Lesbianas, donde refiere que al parecer ésta no es una opción sino que depende de la formación cerebral en el momento del desarrollo del feto. Los países que más han estudiado el tema son Inglaterra y Holanda, encontrando la influencia de la carga hormonal en el desarrollo del feto, no importando lo que ocurra después. Así, esto es independiente de los cromosomas presentándose hombres con cerebros de mujer o mujeres con cerebro de hombre, ocurriendo esto también en animales. Los invito a observar el vídeo que rompe muchos mitos.
Hoy mi viejo Nissan Sunny del 96 tuvo dos fallas. Cada vez que alguien critica sus fachas del siglo XX, respondo lo evidente: el auto es como su dueño, por fuera hasta las patas, pero todavía funciona. La primera parada fue donde el radiadorólogo —esta vez, radiadoróloga—, que me solucionó el problema mientras sonaban bandas ancashinas de Recuay, para mayor precisión geográfica. El cuerpo ya quería zapatear cuando el celular lanzó una alarma de sismo. No sé si fue por el inconsciente entusiasmo folklórico o porque el destino, siempre didáctico, me obligó a mirar el tablero y descubrir una falla eléctrica en el alternador. Lo cual era lógico: el radiador había decidido mojarlo todo, como si también quisiera bailar. La segunda visita fue al mejor electricista de Ventanilla, un taller con nombre teológicamente previsor: “Señor de los Auxilios”. Don Juancito trabajaba escuchando nada menos que a Sósimo Sacramento y sus parranditas. Tremendo personaje. Tremendas letras. Uno lo escucha...
Hice amistad en la academia Sigma con una guapa mujer cuyo nombre, por razones obvias de supervivencia retrospectiva, no mencionaré. Lo cierto es que ella fue la embajadora de la unión de dos barrios tradicionalmente distantes: nosotros, los de Salamanca; ellos, los de Santa Anita. Gracias a su encanto diplomático se armó una camaradería que incluyó encuentros futbolísticos, en los cuales los de Salamanca no ganamos ni un solo partido, pero perdimos con hidalguía. Cuando llegó Año Nuevo, un buen grupo de salamanquinos asistimos a la fiesta que nuestra amiga organizó en Santa Anita. Todo fue alegría, brindis y confraternidad. Sin embargo, al salir en busca de refuerzos cerveceros, algunos de nosotros pudimos ver al enamorado de la época de mi querida amiga recibiendo el año nuevo en plena sesión fumorosa, acompañado de hierbas de cannabis y un manifiesto espíritu de paz y amor. Ya de vuelta en la academia, retomando los estudios, tuve a bien —y para el enamorado, a mal— contarle a...
Hubo una época —confieso sin vergüenza, pero con cierta autocrítica retrospectiva— en la que me gustaba creer en cuestiones sobrenaturales. Espíritus, energías, dones ocultos. Todo eso me parecía plausible, sobre todo después de un par de cervezas. Así que, tras lo ocurrido, me entregué a las más misteriosas elucubraciones: ¿habría sido un espíritu? ¿Un policía con sensibilidad psíquica? Me nutría de historias de videntes que resolvían casos materialmente insolubles gracias a dotes extrasensoriales. Recuerdo incluso una serie llamada “ Sexto sentido” , que alimentaba mi credulidad con notable eficiencia. Lo cierto es que aquel día, con mis amigos de la universidad, teníamos razones de peso para celebrar. Y celebramos como se debe: en una de esas chinganas ubicadas estratégicamente frente a la facultad, en la avenida Venezuela. Tras varias horas de animada tertulia y alcohol de calidad… digamos funcional, llegó ese instante fatal en el que todos los bolsillos, como si estuvieran...
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