miércoles, 1 de mayo de 2013

La desconfiada Lima y el premio del ser confiado.


Hace un tiempo tuve oportunidad de visitar el Penal de Lurigancho por primera vez en el marco de los cursos gratuitos que da la Fundación El Arte de Vivir para el manejo de estrés dentro de la población carcelaria. Al observar la infraestructura me sorprendió su similitud con las diversas urbanizaciones que hay en la ciudad: la presencia de rejas con elementos puntiagudos y alambres de seguridad. Los limeños poco a poco nos estamos encarcelando movidos por nuestros miedos, que son fundados por la inseguridad ciudadana que ha reinado durante décadas.
El otro contraste me ocurrió en un viaje a provncias con mi señora y un primo, específicamente la ciudad de Oxapampa al oriente centro del Perú. Era 28 de julio día de la Independencia y no habían hoteles para hospedarnos (riesgos que sufre uno por ser  viajero a la aventura que al salir sabe a grandes rasgos hacia dónde va pero no a una ciudad específica). Al conversar con la gente me dijo que hable con el tipo que vende salchipapas pues su madre acogía viajeros en su casa.
Al llegar la señora muy amable y cariñosa nos mostró espléndidas habitaciones, una vez acomodados y bañados nos sentamos en la sala, nos prendió la tele y nos pidió un favor:
- Chicos, voy a salir un ratito, ya regreso, cuídenme la casa.
No llevávamos ni treinta minutos de conocernos y nos dejó la tremenda responsabilidad de cuidarle su bien equipada casa. Para nosotros acostumbrados a la desconfianza limeña fue un increíble milagro. El milagro más completo fue que dos días después cuando nos tocó irnos no nos quería cobrar:
- A los amigos no se les cobra.- por primera vez muy seria la señora.
Tuvimos que dejarle el dinero debajo de uno de sus floreros, pues era lo justo. Mi primo que es médico como agradecimiento por las atenciones le ofreció un chequeo de rutina, lo cual la señora accedió gustosa. En pleno chequeo noto una palidez en mi primo.
- ¿Qué pasa? Te noto pálido.
- Es que la señora tiene un mal cardiaco, si no se trata puede pasarle algo en cualquier momento, me da pena darle una mala noticia con lo bien que nos ha tratado.
Al final mi primo con mucha diplomacia la invitó a su casa en Lima y muy sutilmente le dijo la necesidad de unos chequeos, que no se preocupe, que él la iba a llevar a unos especialistas que no le costaría. Fue enfático en poner la fecha y todo.
Y así fue, la señora vive aún sana después de sus tratamientos efectuados en Lima. Premio a la confianza. Premio del ser confiado.

1 comentario:

esteban lob dijo...

Impresionante, Jorge.
Ustedes tuvieron suerte de encontrar aquella señora, pero más la tuvo ella que por ese motivo salvó su vida.

Un abrazo.