jueves, 21 de julio de 2011

El misterioso Feng Shui


Hace unos años encontré un libro llamado "El Gran Libro del Feng Shui" de Derek Walters, donde nos explica los misterios de este arte oriental que nos relaciona con el ambiente que nos rodea. Así como la astrología como ciencia trata de relacionar el movimiento de los astros en la vida humana, el Feng Shui relaciona la forma y disposición de los elementos que nos rodean, con una gran diferencia con respecto a la astrología: estos elementos se pueden modificar puesto que están a nuestro alcance.
Llegué a un punto del libro donde uno con la fecha de su nacimiento puede calcular el elemento que nos rige y ver si el ambiente que nos rodea es compatible con nosotros. Es más, incluso esto se puede relacionar a la vida en pareja o para formar sociedades y amistades. Así nos muestra que existen 5 elementos: Madera, Fuego, Tierra, Metal Agua. Existe un orden generador y un orden destructor de los elementos así:
Orden Generador
La madera ayuda al fuego arde creando tierra.
De la Tierra se extrae el metal
El metal se funde para fluir como agua
El Agua ayuda a la madera
Orden Destructor
La madera extrae la bondad de la tierra
La tierra enturbia el agua
El agua apaga el fuego
El fuego funde el metal
El metal tala la madera.
Hace unos años vi en un documental que se había construído -con una inversión de millones de dólares- un costoso hotel que a pesar de sus tremendas comodidades no recibía la cantidad de clientes prevista. Contrataron a un especialista en Feng Shui y éste les dijo que la forma del edificio era larga y delgada típico de un árbol, de manera que su elemento era madera. Frente al edificio había una iglesia cuya estructura asemejaba un inmenso triángulo siendo elemento fuego. Este entorno era lo que lo estaba destruyendo al hotel, puesto que el fuego destruye la madera. ¿Qué hacer? ¿Destruir la iglesia? Imposible. El especialista sugirió la construcción de una hermosa caida de agua como una especie de catarata que adornaba todo el frontis que daba a la iglesia. La situación cambió y el hotel por lo general está lleno de clientes puesto que el agua apaga el fuego.
Bien, decidí calcular mi elemento: metal. Mi señora también metal y mi hijo metal. Emocionado a cuanto amigo o conocido llegaba a casa le calculaba su elemento y compatibilidad con su pareja. Mi entusiasmo se apagó cuando llegó una amiga que comprobadamente llevaba una vida feliz con su esposo. Ella era fuego y él agua aparentemente incompatibles. Decidí guardar el libro y no darle más atención.
Pasaron los años, la pareja se mudó y fuimos a visitarlos. Nos atendió mi amiga con ese cariño acogedor de siempre, le pregunté a que hora llegaba su esposo pues me gustaría saludarlo y me contestó:
- ¿Qué? ¿No sabes? Ya llevamos más de 2 años separados incluso él se volvió a casar.
En ese momento sorprendido me puse a pensar: ¿dónde dejé el bendito libro del Feng Shui?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sin suerte, les decía a mis enamoradas: "Ven, mamita, dame tu agua para apagar mi fuego". Y ellas me respondían: "No, porque la madera que se quema se consume y hay que guardar pan para mayo". Me quedaba pensando. ¿Me habrían dicho que era harina? Cambié de táctica: "Ven, mi amor, para que hornees mi pan", les decía ahora. "El pan que se queda mucho tiempo en el horno se puede quemar", me respondían, negándome la entrada a la panadería. ¿Qué podía hacer? Ellas era unas expertas en Feng Shui criollo y yo solo era metal ardiente, o madera, agua, lo que fuera. Daba cualquier cosa por beber en sus oasis. Hasta que se me ocurrió una idea. ¿Y si les decía que yo era aire? "No", me dijeron, "el aire entra por los pulmones y a veces se escapa más abajito". Pucha. ¿Qué me quedaba? Yo también olvidé el libro y me puse a trabajar de carpintero. Ahora soy un famoso escultor en madera. De figuras eróticas, se entiende.

Saludos desde C.