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Mostrando entradas de enero, 2026

Folklore entre mecánicas

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  Hoy mi viejo Nissan Sunny del 96 tuvo dos fallas. Cada vez que alguien critica sus fachas del siglo XX, respondo lo evidente: el auto es como su dueño, por fuera hasta las patas, pero todavía funciona. La primera parada fue donde el radiadorólogo —esta vez, radiadoróloga—, que me solucionó el problema mientras sonaban bandas ancashinas de Recuay, para mayor precisión geográfica. El cuerpo ya quería zapatear cuando el celular lanzó una alarma de sismo. No sé si fue por el inconsciente entusiasmo folklórico o porque el destino, siempre didáctico, me obligó a mirar el tablero y descubrir una falla eléctrica en el alternador. Lo cual era lógico: el radiador había decidido mojarlo todo, como si también quisiera bailar. La segunda visita fue al mejor electricista de Ventanilla, un taller con nombre teológicamente previsor: “Señor de los Auxilios”. Don Juancito trabajaba escuchando nada menos que a Sósimo Sacramento y sus parranditas. Tremendo personaje. Tremendas letras. Uno lo escucha...

El hombre del nunchaku invencible

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  Hice amistad en la academia Sigma con una guapa mujer cuyo nombre, por razones obvias de supervivencia retrospectiva, no mencionaré. Lo cierto es que ella fue la embajadora de la unión de dos barrios tradicionalmente distantes: nosotros, los de Salamanca; ellos, los de Santa Anita. Gracias a su encanto diplomático se armó una camaradería que incluyó encuentros futbolísticos, en los cuales los de Salamanca no ganamos ni un solo partido, pero perdimos con hidalguía. Cuando llegó Año Nuevo, un buen grupo de salamanquinos asistimos a la fiesta que nuestra amiga organizó en Santa Anita. Todo fue alegría, brindis y confraternidad. Sin embargo, al salir en busca de refuerzos cerveceros, algunos de nosotros pudimos ver al enamorado de la época de mi querida amiga recibiendo el año nuevo en plena sesión fumorosa, acompañado de hierbas de cannabis y un manifiesto espíritu de paz y amor. Ya de vuelta en la academia, retomando los estudios, tuve a bien —y para el enamorado, a mal— contarle a...