El arte de vender sanguito

Entre la fresca brisa del mar, las montañas de arenas sazonadas con conchitas, escalones primeros de los andes, surge entre sus faldas, con mucho orden, la ciudad de Ventanilla. En ella los julios de todos los años se levanta un circo con carpa remachada, pero colorida y limpia. Cada año que voy, admiro esas ganas artísticas de vivir. Los mismos actores promocionan las funciones durante el día por las calles, atienden la boletería, actúan entre acto y acto vendiendo entremeses y juguetería. Cuando veo la carpa desde una perspectiva panorámica, admiro la prodigiosa proeza de armarla y competir cromáticamente con las montañas arenosas. Como un derroche de triunfo, se aprecian en su cima el flamear de banderas bicolores recordando que las patrias son celebraciones de libertad, y no hay más libertad que el arte por el arte sin importar el reto de las dificultades económicas. Ya dentro. Observo imponente la parte más alta del recinto y me lleno de vértigo imaginando...