Amor a prueba de todo

Me bañé. Busqué entre los perfumes acumulados a lo largo de veintitantos cumpleaños y me esparcí el que juzgué mejor (o, mejor dicho, el menos malo… disculpen quienes me regalan perfumes cada año). Tomé del florero una rosa remojada en agua con una aspirina diluida para prolongar su vida; al fin y al cabo, era estudiante de ingeniería química y sabía que el ácido acetilsalicílico tenía ese efecto. Lo que realmente hubiese querido era “preparar” el terreno sentimental con tarjetitas y regalos, pero el shock económico de los 90 en el Perú no lo permitía. Aun así, logré el mismo efecto llevándole resúmenes de soluciones de derivadas e integrales, románticas cartillas con fórmulas geométricas tridimensionales para diseñar reactores, formulaciones para cálculos de flujos de fluidos y tablas para resolver incógnitas de transmisión de calor. Todo muy útil, considerando el gran nivel estudiantil de mi amada. Por supuesto, matizaba estos obsequios con el infaltable sabor de algún chocolate d...