La Granja Humana

Muy niño mi abuela Fausta me enseñó a rezar. Desde allí todos los días antes de acostarme honraba en mis oraciones a Jesús, la Virgen María y a mi Ángel de la Guarda. Ese fue mi primer contacto racional con Dios. Al llegar al colegio Claretiano de Trujillo -colegio de curas- me llegó una novedad que me causó algo desconcertante y especial: Jesús había muerto por nosotros, se había sacrificado por nosotros. Nos hablaron de que antes se sacrificaban animales para Dios y que Jesús había cambiado todo ello. A mis 6 o 7 años si bien no me cuadraba la idea, seguía con mis mágicos momentos nocturnos de oración. He seguido todos los rituales de la iglesia Católica, incluso hasta muy joven iba a misa los sábados y domingos, y saqué excelentes notas en los cursos de religión. Pero en todos esos y estos años le he dado vuelta a la cabeza al extraño sacrificio y llegué a la conclusión que lo del pecado original era una carga antinatural necesaria para crear una culpa y poder manipularnos...