El carbón de la verdad

Trujillo hermosa ciudad del norte peruano -como todo el Perú- encierra un sinfín de misterios que viven continuamente en su gente. Cuando tenía 8 años mi madre me encargó cuidar con el mayor esmero a nuestro nuevo visitante del planeta: mi hermano Carlos. Él todavía no llegaba al año y recuerdo estaba con su traje blanquiazul de marinerito, mi madre salió por 30 minutos al mercado no sin antes decirme: - Cuida bien a tu hermano ya regreso pronto, está dormido y acaba de tomar su leche así que por lo menos va a dormir un par de horas, solo mira que no se vaya a caer. Al quedarme sólo vi una oportunidad lúdica con mi pequeño hermano: ¿por qué no jugar al microbús con él como pasajero? De manera que una inmensa silla tejida que estaba en el jardín interior podía ser mi vehículo, y mi dormido pasajero subió a la unidad para gozar del viaje no sin antes acondicionar la silla con cómodas almohadas dónde con cuidado deposité a mi pequeño cliente. La primera vuelta fue de lo más bien, la seg...