lunes, 21 de abril de 2008

Prosperidad


Giuliano preocupado por las finanzas recordó las clases de prosperidad que había llevado en un instituto metafísico. Su mente le dictaba los más atemorizantes miedos, la mente -como solo ella- podía expresar sus verdaderos miedos sin descanso cual martilleo maldito. Pero recordó que el mundo era una expresión de prosperidad, el inmenso mar, el aire que llenaba sus pulmones, el cielo, el universo con su infinidad de estrellas, los colores con sus matices, la vida misma incontenible, sabe Dios cuantos planetas habitados en el universo. Tomó su auto y se fue por la costa verde bordeando el mar con las ventanas abiertas a 100 km/h. sintiendo el viento y como casi se fundía con el mundo al sentir los chiflones de aire que lo acariciaban. subió al malecón caminó hasta casi llegar al filo del barranco, observó el mar y su inmensidad respiró profundo y su mente le dijo lo tonto que era de preocuparse habiendo tanta abundancia en el mundo. Su mirada se perdió en el mar y en la muerte del sol al fondo del paisaje crepuscular. Es en ese momento en que su mente perversa se perdió con el universo y se sintió caer. Golpeado volvió en sí en algún descanso de la profunda pendiente, siempre vio en los noticieros como los bomberos con su heroísmo acostumbrado salvaban vidas atrapadas en aquel barranco. Pero nadie lo había visto, con intenso dolor se paró, observó el tramo que tenía que subir y caviló si más fácil era caer. No. Había sido casi un milagro, el seguir cayendo le habría causado daños mayores o quizá la liberación final. A duras penas emprendió la subida. En ese momento solo quería a volver a su auto y olvidar las cosas de su mente.

domingo, 6 de abril de 2008

Su banco amigo


Las horas habían pasado volando. Ya solo le faltaba cerrar caja cuadrar todo, presentarlo a su compañero más antiguo para que verifique todo, su arqueo debiera coincidir perfectamente, firme el cargo y listo. Final del trabajo. Estaba contento todo estaba en orden en el banco, la capacitación había sido excelente y los clientes no habían mostrado molestia alguna.
- Hola César aquí está todo: el dinero, los vouchers, todo.
- Bien Andrés te felicito, ahora espera un poquito para verificar todo.
Andrés emitió un ajá acompañado con una sonrisa y un mirar al techo orgulloso por sus avances acelerados en el banco. Estaba en eso cuando observó cómo César se ponía serio.
- Andrés faltan 20 soles.
- ¿20 soles? Pero César si lo he contado dos veces todo cuadra perfecto.
- Pues yo no puedo firmar reconociendo todo son los 20 soles que faltan.
- Pero caramba César vuelve a contar de seguro te has equivocado.
- No, yo no firmo nada salvo que los devuelvas.
- ¿Devuelvas? ¿Qué estás insinuando?
- Bueno faltan 20 soles, sino cuadra todo te tendrán que descontar no hay otra.
- Pero César eso es lo que gano por día, no te malees.
César se alejó sin firmar. Andrés quedó dudando de él, no podía equivocarse tanto.
Después de unas semanas ya cuando Andrés estaba por olvidar el acontecimiento llegó al recuerdo al escuchar a Liz, otra cajera nueva.
- ¿Cien soles? ¡¡¡Pero César imposible!!!
Y Andrés sintió la desconfianza masajeándole la boca del estómago. Parecía que había carta libre para con los nuevos tomados como caja chica por el personal antiguo de confianza. La amistad con su banco se desmoronó desde dentro.