Cuando el Diego vino a Lima





Era el año 1985, épocas cuando el costo de una entrada para ver a la selección peruana costaba menos que el sueldo mínimo. Por ocasión de las eliminatorias para el mundial de México 1986, mundial que en un inicio iba a ser en Colombia pero por problemas económicos pasó a México, Perú recibiría a la selección argentina en Lima con el entonces mejor jugador del mundo: Diego Armando Maradona. Recuerdo fuimos con los amigos del barrio, teníamos mucha expectativa,  así nomas no venía el Diego, recuerdo la anterior vez fue para un amistoso entre Boca Jrs. ante Universitario que fue triunfo de la U por 1 a 0 pero pese a la derrota el Diego había mostrado sus habilidades. Esta vez la selección
peruana tenía excelentes jugadores pero ya en el ocaso de sus carreras jugando casi todos en el fútbol local.
Fuimos muy temprano y cómodamente ubicados en la tribuna norte del Estadio Nacional vimos que casi una hora y media antes del partido sale de uno de los camerinos de la tribuna sur una pelota y detrás de ella sale Diego que iba a hacer un ejercicio de calentamiento. Salió sólo. De inmediato las pifias se dejaron escuchar. Era una táctica para cansar a la hinchada y no presione tanto a la hora del partido.
El Diego empezó a dominar el balón recorriendo la cancha de sur a norte haciendo amagues, quiebres, cambios de velocidad, elevaba la pelota la dominaba con los hombros, la volvía a  elevar para bajarla con el empeine, la subía a la cabeza, dominios que nunca había visto en jugador alguno y eso que aquí en Perú en cualquier cancha de tierra se ven gente dominadora de pelota. Era una máquina perfectamente aceitada. Cada amague lo hacía con una plasticidad yóguica que pensé no podría haber manera de frenar tanta habilidad.
El punto más increíble fue cuando llegó  a la media cancha y en el punto central pisó la pelota dejándola muerta tal como para iniciar el encuentro. Dio uno, dos, tres, cuatro, cinco pasos hacia atrás y puso las manos en la cintura haciendo jarras con los brazos. Quedó mirando como con admiración el esférico. Ya estábamos cansados de pifiar y sólo lo observábamos. De un momento a otro empieza a llamar al balón, lo llamaba con la mano y se notaba que le hablaba, claramente deduje que decía: "Ehhh vení, vení, vamos vení" aplaudía como animando al balón que seguía remolón en reposo. Cuando obediente cual si fuera una resurrección, un despertar, el balón empezó un leve ladeo para cual si fuera un fenómeno magnético ir corriendo a los pies del Diego y volver a ser dominado a placer. No podía creer lo que había visto. Era magia.
Pensé equivocadamente que mi equipo, la selección peruana no tenía nada que hacer ante tal prodigio.
Al término del partido mi admiración fue hacia los jugadores peruanos que ganaron el partido, Juan Carlos Oblitas autor del gol, Franco Navarro, Cueto, Velásquez, Uribe, el arquero Acasuzo   los mismos que veía cada fin de semana, el Diego nunca tomó la pelota por la férrea marca de Reyna que lo persiguió hasta cuando salió a la cancha a tomar agua, convirtiendo el partido en un duelo de 10 contra 10. Pese a que lo anularon el mejor espectáculo ya lo había hecho antes en el calentamiento, calentamiento que mostró las más increíbles habilidades. Habilidades que al año siguiente llevaría a su país a llevarse la Copa del Mundo. 

Comentarios

esteban lob ha dicho que…
Qué notable recuerdo Jorge!

Maradona como futbolista fue un genio, pero me da pena que hoy en día pontifique sobre lo humano y lo divino como si fuera la biblia, desmereciendo en su calidad de "apóstol" toda la magnificencia de su esplendor pasado.

Además me llega a dar urticaria al verlo como "ejecutivo" de la FIFA, la misma
entidad antes denostada por él minuto a minuto.

Abrazo.
Jorge Atarama ha dicho que…
Esteban: Comparto tu apreciación, en general muchos clubes agradecidos por su accionar como jugador contratan muchas veces como técnicos o dirigentes a ex jugadores sin tener ninguna capacidad para su nueva labor .

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