viernes, 21 de octubre de 2016

El fin de las cadenas



Una querida amiga me envió por Whatsapp una de esas famosas cadenas para ayudar enfermos, y le respondí como siempre respondo que no creo en cadenas.Caí en la cuenta la cantidad de ellas en redes sociales y correos electrónicos muchas cadenas que apelan a tu sensibilidad social, tu necesidad económica o a tus miedos religiosos.
Esto me hizo recordar a cuando estaba en 5to grado de primaria, tendría entre diez u once años y me llegó en forma de carta una cadena de San Judas Tadeo que por un lado te prometía los más grandes milagros si eras obediente y la multiplicabas, pero en caso de no seguirla te amenazaba con los más grandes castigos en incluso te ponía testimonios que demostraban su divina eficacia.
El gran problema de aquella época era que no habían a la mano fotocopìadoras, ni computadoras, y menos impresoras y si no querías sufrir los terribles castigos, tenías que reproducir más de cien cartas a mano.
Molido y asustado con apenas un par de horas de sueño llegué al colegio dispuesto a entregar las cien cartas a personas que puedan "beneficiarse con los milagros de San Judas Tadeo nada menos que "El Santo de los Imposibles".
Esperé al recreo. Esta vez no jugaría fulbito, tenía que cumplir primero con las cosas divinas.
El primero que se me cruzó fue el padre Jacinto Ojeda (en otra entrada de mi blog cuento que es el sacerdote chileno que me enseñó a cantar el himno del Perú apasionadamente).
- Padre, buenos días, tenga...
El padre tomó la carta la abrió y leyó con suma atención. Al terminar de leer, me  sonrió y dijo:
- ¿Tienes más de estas?
- Sí padre ya tengo las cien.
- Bien hijo por favor dámelas y acompáñame.
Lo seguí hasta que paró frente al cilindro de basura.
- Hijo que te quede bien grabado esto y cuéntalo a todo el mundo.- tomó mis cartas y una a una fue rompiéndolas y echándolas al cilindro de basura, haciéndolas añicos como para que no tenga la opción de rescatarlas - escúchame bien, no creas en estas cojudeces.
Me quedó mirando mi reacción.
- Repito hijo, no creas en cojudeces.
Cómo me habrá visto que improvisó una bendición diciendo "eres una persona libre de estas cadenas" puso su palma derecha en mi cabeza y dijo "no te preocupes nunca más por estas cosas y anda a jugar".
Me sentí liviano. Desde aquél día quedé liberado de las cadenas.
 
(imagen extraída de http://videncia.guru/cadena-de-peticiones-a-san-judas-tadeo/)

1 comentario:

esteban lob dijo...

Me pasó algo similar de niño, estimado Jorge, pero no había ningún sacerdote chileno que me auxiliara.(Qué contrasentido, ¿no?)
Me desquité con el paso de los años. En mis programas radiales cada vez que llegaba una de esas invocaciones estúpidas, las rompía frente al micrófono sin miedo a "los castigos".Por lo visto (tengo 80 años y una familia que me llena de satisfacciones) sin que esas maldiciones descerebradas hubieran hecho efecto.)

Saludos, vecino.