domingo, 9 de noviembre de 2014

Los pesares del fútbol


Ahora que he vuelto al trabajo dependiente en una fábrica industrial (solo por 6 meses), donde se trabaja sin parar sábados, domingos feriados y fiestas de guardar, me ha venido a la memoria una experiencia vivida años atrás.
Era domingo y entraba a las 3 de la tarde, vivo a sólo 15 minutos de la planta, me dirigía en mi auto por la carretera a Ventanilla, venía un desnivel hacia abajo y diviso panorámicamente una turba de hinchas del Sport Boys (emblemático club de fútbol del Callao). Habían parado un bus de la empresa JV, y prácticamente lo estaban desmantelando, rompiendo lunas y robándoles a los pasajeros. Los hinchas habían abarcado toda la pista y no pasaban autos por ser domingo. Sobreparé y de inmediato pensé en mejor volver a casa, esperar un poco a que todo se despeje y llamar avisando lo sucedido. Al mirar el espejo retrovisor veo otra turba que invadía las pistas y se dirigían hacia mí.
Estaba rodeado. ¿Qué hacer?. Rápidamente decidí hacer una improvisada oración: "Señor voy a acelerar con todo por la bajada tocando el claxon, por favor que no le haga daño a nadie, no quiero volverme un delincuente atropellando a alguien". Obvia decir que si atropellaba a alguien no iba a parar para que me maten y destrocen, así que tampoco auxiliaría como un accidente vamos a llamarle "común".

Aceleré por la bajada, toqué el claxon y noté que los energúmenos me retaban mirándome y saltando, en ese momento dejé de tocar el claxon, aceleré aún más y volví a los bocinazos como dando el mensaje que no pensaba parar. Por acto de magia al llegar a la muchedumbre leyeron la idea y se iban abriendo dándome paso. Solamente uno quiso golpear el auto con un palo poniéndo su brazo a la altura del parabrisas: chocó el auto con el brazo dándole un golpe que al ver por el retrovisor le causó dolor pero no era de mayor consideración. Así pude salvar la situación. Lo curioso, es que si pasaba algo me podía volver un delincuente sin querer. El fútbol es un deporte muy hermoso pero el ser humano con su sentido auto destructivo lo degenera todo de tal manera que empieza a quitarle toda gracia. Como sociedad creo que -como en ingeniería- estudiar el costo y el beneficio.Pues cada vez las consecuencias destructivas son más graves que las satisfacciones.