viernes, 29 de noviembre de 2013

Sorpresiva Confianza



El 21 de noviembre de 2013 salió publicado el resultado de una encuesta que hizo las siguientes preguntas para medir el grado de confianza entre los peruanos: ¿Confías en las personas? ¿Cuál es tu relación con tus familiares? ¿Tienes total confianza y pones las manos al fuego por ellos?

Solo el 11 % de los peruanos confía en la mayoría de la gente, según la encuesta de Integración, Instituto de Análisis y Comunicación.
El estudio se realizó a 2 mil 200 personas de 18 a más años en 19 departamentos del país. Esto representa el 82 % de la población urbana del Perú. (fuente RPP)
Efectivamente desde pequeño mis padres me enseñaron  a estar atento en todo momento ante la posibilidad de ser víctima de un robo y en el colegio la gran mayoría -por no decir todos- ponen sus nombres a sus pertenencias en un lugar visible además de un lugar secreto para "asegurar".
Según Miguel Angel Cornejo esta costumbre de si me encuentro algo ahora es mío proviene de las épocas de la Conquista del Imperio Incaico cuando los invasores se "adueñaban" de todo lo que encontraban.
Con todo aquello sobre cuestas, caminaba por las calles de Lima específicamernte entre Av. La Colmena (oficialmente Nicolás de Piérola, en el Perú muchas calles y avenidas tienen doble nombre uno el popular y otro el menos usado el oficial y hasta numeraciones dobles) y la Calle Chancay. Cuando veo que el semáforo estaba a punto de cambiar. Para ganar tiempo decidí emprender un pique o carrera corta pero ya casi para llegar a la acera noto que mi sencillera ubicada en mi cinturon se abre y mis monedas salen volando hacia la pista y la vereda. Me dio pena pues la llevaba llena (probablemente por ello "reventó") y al voltear a verlas con la esperanza de siquiera recuperar algo veo sin sorpreesa que la gente con cierto júbilo ya estaba tirada en la pista recogiendo el "botín". Me quedé parado viendo con resignación la escena cuando la muchedumbre empezó a devolverme las monedas e incluso se improvisó una cola. Sentí que quedé con la boca abierta gratamente sorprendido y empecé a agradecer. Ya cuando la bolsa estaba al tanteo de vuelta llena pasa una combi y el cobrador me dice: "falta una china a la mitad de la pista" (china=moneda de 50 céntimos de Nuevo Sol para los extranjeros que me leen). Efectivamente esperé que los autos paren y recogí la última china que me faltaba.
Ese día regresé a casa con la grata sensación de traer la sencillera más llena de lo que creí. Una lección de confianza sin duda.

5 comentarios:

esteban lob dijo...

¡Caramba, Jorge!

Dudo que en circunstancias parecidas sucediera lo mismo en cualquier latitud.

Abrazo.

Anónimo dijo...

Gente honrada y solidaria! Como la mayoria de peruanos.

Jorge Atarama dijo...

Esteban: para mí fue una grata sorpresa.
Anónimo: Escuchaba decir a Sixto Paz que hay más gente buena que mala en el mundo pero que la mala tiene mayor publicidad.
Gracias por la visita.

hjorgev dijo...

Hola, Jorge:

Abrí el mapa de Lima para poder recordar dónde queda el jirón Chancay. Es la misma esquina donde hace muchos años, había un hotel y mi padre se alojó allí con la mujer que se había traído de Alemania. Con mi madre observábamos desde la calle la ventana de la habitación que habían alquilado. Qué recuerdos.
Y qué hermosa anécdota, gran augurio para mi viaje al Perú este fin de año.

Que estés bien.

Saludos desde Alemania, precisamente

Jorge Atarama dijo...

Hola Jorge que grata visita y con buenas noticias que vas a volver al hermoso caos de Lima, espero que lo tomes como aventura para poder disfrutarla pues si la comparas con realidades más civilizadas corres el riesgo de volverte renegón. Pero eso sí la ciudad te trae gratas sorpresas como la de la anécdota. Lo último que me pasó fue el auto que recalentó en la Av. Faucett y los micros me ofrecían agua y paraban para preguntarme sin importarles el caos que ocasionaban atrás es como una doble precepción el salvajismo del chofer manejando y el gran corazón que tienen si los ves como personas. Saludos hasta Colonia.