domingo, 7 de abril de 2013

Wiraccochan, el iluminado de los andes


Cada cierto tiempo, los seres humanos llegan a reflejar la naturaleza del universo en su máxima expresión: la condensación humana del amor. A estos seres les llamamos iluminados. En el oriente podemos ver a Zoroastro, Gautama más conocido como Buda, al maestro Jesús de Nazareth, a Mahoma, entre muchos. 
En Sudamérica, en lo que hoy le llamamos Perú también tuvimos a un iluminado cuyo nombre fue Wiraccochan. Otros le llaman también Tunupa, en Lima y Bolivia se le conoce como el Ekeko.
Se dice que es el hijo del Dios Wiracocha y que emergió del lago Titicaca, su característica una túnica blanca que lo cubría, un saco con sus instrumentos y su barba. A su paso enseñaba los misterios del universo, llevando y dejando prosperidad y un mensaje de amor hacia el prójimo. Estos seres se caracterizan siempre por eliminar la ilusión del ego, provocando en quienes lo conocen el descubrimieno de la unidad del cosmos y por lo tanto el amor que es la naturaleza del universo. Al elevar la conciencia, sumado a los conocimientos tecnológicos que enseñaba como el momento preciso de sembrar y cosechar, la prosperidad llegaba por añadidura.
Si visitamos el valle de Ollantaytambo observaremos la imagen que se hizo en su honor. Era un viajero perpetuo, cuando llegó al valle de Pachacamac lo que ahora es Lima se le llamó el Ekeko. Hoy se a deteriorado su memoria y se toma al Ekeko como un símbolo de suerte, mas no es suerte por la suerte misma, sino por el manejo que trae el conocimiento del universo.
Se dice que su misión terminó en los mares que bañan el actual Ecuador, pero su influencia todavía se da cuando visitamos los pueblos de nuestra américa en la imagen de amor al prójimo y de unión universal.

1 comentario:

esteban lob dijo...

Hola Jorge:

Soy admirador de ese tipo de creencias positivas, nacidas en tiempos de difícil discernimiento entre el bien y el mal.

Un abrazo desde Santiago, cuando todavía no amanece el domingo.