domingo, 17 de febrero de 2013

Aperitivo

Tomó la copa de vino y la observó atentamente. Una vez que creyó terminar de observar el brillo de la copa, el color del vino y afilar los ojos para ver su transparencia fotométrica ante la luz del ambiente procedió a cerrar los ojos. Se acercó la copa a la nariz a lo que supuso 3 centímetros del líquido. Inhaló muy suavemente. Los misteriosos volátiles compuestos subían en su imaginación entrando por sus fosas nasales, rozaban suavemente su flora y quizá fauna nasal y por no sé que misteriosa razón de frotación física con el medio dejaron una huella en su memoria supuestamente cerebral lo que se referiría en la convención de su idioma como la definición de aroma. Esa misma memoria y su atención en ello lo hizo segregar líquidos salivales. Sintió al comienzo de la lengua una leve acidez que pedía ser neutralizada o diluida con el torrente local del líquido vínico.  Lo hizo recordar tiempos, libros, series, películas, amores, desengaños, sueños, vivencias, elucubraciones. Y se alejó de donde estaba y su mente lo llevó por incontables historias sin tiempo, sin la frontera atrapante de un nombre, de un nacimiento del temor de una muerte. Y se dió cuenta que todo ya había existido y existirá. Que lo que cambia son los recuerdos, las invenciones que no son más que diferentes combinaciones de lo mismo. Del aroma, del tiempo, del color del roce de las compañías. Frenó de golpe el ímpetu de su mente abriendo los ojos. Miró nuevamente la copa y su líquido para asegurarse que seguían allí calentadas por la palma de su mano. Por fin la llevó a la boca. Bebió reteniendo el fluído  enjuagando todos los recovecos que pensó existían en ella. Sintió un retorcijón en su estómago que lo apuraba a compartir con las demás partes de su cuerpo. Sonrió como burlándose de éste y su apuro. Continúo con lentitud el enjuague cuando sorprendido se dió cuenta que de a pocos el líquido penetraba por la garganta. Se dió cuenta que el cuerpo no es hermético y tuvo la sensación que el estómago se calentaba y desengañado protestaba sobre las falsas expectativas del ritual. Sus pulsaciones se aceleraron sintiendo calor por todo el cuerpo. Suspiró. Cerró los ojos y su mente le trajo recuerdos gastronómicos que le provocaron buscar algo sólido para ingerir.