lunes, 12 de noviembre de 2012

¿Hacer es poder?


Corría el año de 1999 y a finales de enero me había estrenado como papá. No tenía automóvil ni licencia de conducir pero el andar de un lado a otro con un bebé me llamó a la necesidad de comprar un auto.
Cuando adolescente había dado un par de vueltas de manzana con el auto de mi viejo, pero al escucharlo quejarse que después de mis maniobras la palanca de cambios había sufrido alguna molestosa variación decidí con rebeldía "nunca más manejar su auto". Averigué una escuela de manejo. Aqui en el barrio de Ventanilla costaba 100 Nuevos Soles, lo mismo que el examen de manejo. ¿Y si me inscribo en el examen de manejo para ver como es sin todavía ir a una escuela?
No sé que me pasó aquel día pero no le di vueltas mentales y me enrumbé a pagar el examen. Una vez hecho el pago -me conozco algo- no había marcha atrás. Aprobé el examen de letras que fue de lo más fácil pues solo habría que estudiar (en la Universidad de San Marcos muchas veces el estudiar no te aseguraba el aprobar como sucede en el colegio y en la evaluación de manejo).
Ahora venía el examen práctico. Alquilé un auto pequeño y mecánico. El precio incluía 30 minutos de práctica antes del examen. El tipo del alquiler me enseñó algunos trucos para cuadrar en paralelo y me hizo incapié en los puntos críticos del examen. Después de la media hora el tipo me dijo "toma mi tarjeta para que en la segunda oportunidad me alquiles el auto de nuevo, te voy a ser franco, estás bien verde".
 En la cola para dar el examen me hice "amigo" de los muchachos que me escoltaban, la cola era lenta así que bajábamos y nos poníamos a conversar. Uno muy joven vestido con un polo de Súperman el otro quizá contemporáneo mío (tres décadas en aquella época) había despegado el rótulo de taxi de su auto para poder dar el examen. Llegamos a un punto donde había que memorizar la ruta. El taxista que iba delante mío no quizo estudiarla pues esta era su sexta vez que era evaluado y se la sabía de memoria. Súperman al igual que yo estábamos muy nerviosos y con extrema humildad memorizamos la ruta. Pasado el tiempo Súperman me dijo:
- No me la he aprendido bien, pero no importa yo te sigo nomás.
- Bueno- le dije- no hay problema por que el taxista es su sexta vez y se sabe el camino yo lo sigo a él.
Temblando arranqué. Los nervios me habían dado una sensibilidad única a tal punto que si una mosca se paraba en el chasis del auto la sentía. Todo bien al comienzo, el problema mayor se presentó cuando el taxista volteó a la derecha y mis recuerdos de la ruta estudiada era que tenía que seguir defrente. ¿y si me equivoco? Lo mato a Súperman. Decidí después de unos segundos de reflexión confiar en mi mismo. Mi mente se puso en el lugar de los jueces veedores. Por ejemplo al ver un cartel de un colegio cerca antes aceleraba y hacía notoria la disminución de velocidad. Llegamos a la prueba de estacionamiento y escuché que el juez decía con voz casi policial:  "tu al 8" señalándome, "Súperman al 9" expresión que causó hilaridad y carcajadas a todos los que escuchamos. No pensé mucho solo recordé la técnica que me había dado el hombre del alquiler. Como por acto de magia la máquina respondió a la perfección. Al terminar todo esperamos con nervios los resultados. El taxista se arrepentía de su equivocación con la ruta. Súperman y yo aprobamos y junto con él todos los demás  aprobados solo conocidos por aquella circunstancia nos hicimos un equipo de festejo abrazados y saltando como celebrando un campeonato. Subí al auto para devolverlo donde pude ver que el taxista mandaba un escupitajo a su letrero de vinil y lo pegaba de nuevo en la ventana partiendo raudo en busca de clientes. Le devolví el auto junto con su tarjeta al hombre del alquiler.
- Ten tu tarjeta y las llaves.
- La tarjeta llévala para la próxima -me dijo- o te ha fallado el auto.
- No, el auto estuvo perfecto ya no necesito la tarjeta. Aprobé.
- ¿Qué? ¿a ver?
Le mostré el carné con el sello de aprobado, le dí las gracias, le di fuerte la mano  y me alejé, no sin antes escuchar al tipo que decía: "Increíble". ¿será que en todo en la vida es cuestión de atreverse? ¿Será que a veces pasamos preparándonos para un futuro que nunca llega? ¿Será que esta preparación solo es el pretexto para no actuar? ¿Será que hacer es poder?  
(La imagen fue extraída de http://pilingui.blogspot.com/2012_11_01_archive.html)

5 comentarios:

esteban lob dijo...

Me quedo con la última frase, Jorge.
"Hacer es poder".

Un abrazo.

esteban lob dijo...

Estimado Jorge:

Me siento en la necesidad de venir a agradecerte directamente en tu blog, tu afectuoso mensaje, que me transmitiste debido a mi reciente intervención quirúrgica.

Un abrazo desde Chile.

Jorge Atarama dijo...

Estimado Esteban:
Siempre es grato tener noticias tuyas y más aún después del sorpresivo anuncio de tu operación. Veo que se hicieron realidad los deseos de los que te conocemos y tendremos Esteban para rato. Un gran abrazo y gracias por visitar el blog.

Jorge Ramiro dijo...

Adhiero con el comentario de arriba y sin dudas la frase destacada es “HACER ES PODER”. Muchas veces uno suele estar con dificultades y es importante entender que lo mejor que uno puede hacer es justamente hacer cosas para salir de esas dificultades. Desde los apartamentos en san bernardo, en la costa de Buenos Aires, te dejo un afectuoso saludo y espero nuevas publicaciones en el futuro

Jorge Atarama dijo...

Jorge Ramiro: Muchas gracias por la visita justamente escuchaba a un maestro hindú dar un consejo para superar la depresión: manos ocupadas, corazón lleno y mente vacía. Un gran abrazo.