miércoles, 5 de mayo de 2010

El dibujante


Walter Quispe desde que nació tuvo gran atracción por los dibujos, observaba el movimiento del mundo y lo reflejaba sobre la bidimensionalidad del papel y después de la computadora. Poco a poco se fue perfeccionando para lograr la meta de ser un gran dibujante profesional. Cuando hizo su primer anime, el vídeo empezó a pulular por todo el ambiente hasta el punto de ser convocado por la gran industria de películas animadas.
Aquel día había una gran febrilidad y expectativa entre todo el personal. El tipo de la limpieza -un latino muy amistoso de un país cercano al suyo- le dijo lo que había ocasionado tanto alboroto: el fundador de la empresa, iba a ser descongelado para realizarle una operación y después de 60 años iba a volver de su invernación. ¿cómo vería al mundo actual? ¿Qué opinaría de los nuevos trabajos de la empresa? ¿estaría de acuerdo con la evolución? ¿le sorprendería la tecnología?
En algún lugar lleno de aparatos modernos los médicos empezaron a mandar pequeñas descargas para que el corazón vuelva de su reposo. Eran las 15:33 horas cuando el primer latido parecía arrancar de nuevo la vida de aquel glorioso hombre. Y eran las 15:33 horas del mismo día cuando por inexplicable razón Walter Quispe sano huancaíno deportista y gran dibujante sintió el primer dolor en el pecho que lo hizo desvanecerse y caer sobre la alfombra.

2 comentarios:

esteban lob dijo...

"Nadie sabe...para quién trabaja"... es un viejo dicho que se usa en Chile, tal vez en toda latinoamerica.
¡Asombroso final de trama!

Saludos.

Anónimo dijo...

Interesante tu relato y la idea, Jorge.

Lo único que no te creo es la alfombra esa sobre la que cae Quispe.

Saludos desde los arrabales de Colonia
HjorgeV