martes, 30 de diciembre de 2008

El carbón de la verdad


Trujillo hermosa ciudad del norte peruano -como todo el Perú- encierra un sinfín de misterios que viven continuamente en su gente. Cuando tenía 8 años mi madre me encargó cuidar con el mayor esmero a nuestro nuevo visitante del planeta: mi hermano Carlos. Él todavía no llegaba al año y recuerdo estaba con su traje blanquiazul de marinerito, mi madre salió por 30 minutos al mercado no sin antes decirme:
- Cuida bien a tu hermano ya regreso pronto, está dormido y acaba de tomar su leche así que por lo menos va a dormir un par de horas, solo mira que no se vaya a caer.
Al quedarme sólo vi una oportunidad lúdica con mi pequeño hermano: ¿por qué no jugar al microbús con él como pasajero? De manera que una inmensa silla tejida que estaba en el jardín interior podía ser mi vehículo, y mi dormido pasajero subió a la unidad para gozar del viaje no sin antes acondicionar la silla con cómodas almohadas dónde con cuidado deposité a mi pequeño cliente. La primera vuelta fue de lo más bien, la segunda también, pero a la tercera vuelta el final del juego llegó inesperadamente: una de las patas de la silla quedó atracada sobre una fisura de la vereda justo cuando estaba tomando la máxima velocidad . Consecuencias: mi insólito pasajero salió volando con todo y almohadas, provocando que se despierte y vocifere su reclamo en forma de llanto. Lo cargué de inmediato, lo apapaché como pude y le di un poco de leche, felizmente se calmó dándome tiempo para acomodar todo. Allí nomas llegó mi mamá.
- ¿qué tal Jorge? ¿todo tranquilo?
- Sí mamá todo tranquilazo.
- Qué bien!!!
Pero a la tarde empezó a llorar seguido tanto que lo llevaron al médico para que lo revisen sin hallar nada anormal. Por la noche de nuevo llora que llora, al día siguiente mi mamá sale a regar el jardín y se encuentra con la vecina una señora cajamarquina ya entrada en años, en la conversación tocaron el tema del llanto sin explicación y la vecina con toda su experiencia de haber criado a una extensa familia de 7 hijos dijo con sapiencia:
- Ese niño está "asustao"
- ¿Qué???- dijo mi madre.
La vecina le explicó que era parte de la experiencia humana asustarse y que a los bebes el susto los atormenta hasta que se realiza un ritual para curarlos del susto, el cual ella se ofreció a realizar. Le pidió una serie de materiales los cuales no recuerdo pero entre ellos estaba un poco de carbón. No recuerdo al detalle el ritual pero si recuerdo inolvidablemente el final de éste. Después de quemar el carbón se le agregaba agua y al apagarse el carbón tenía que formar la imagen de lo que lo había asustado. Callado me limité a esperar el resultado cuando para mi sorpresa apareció la imagen de la inconfundible silla tejida. Mi mamá al ver la imagen dedujo de inmediato al ver mi boca abierta.
- Jorge ¡se te cayo el bebe de la silla!!! ¿no cierto?
- Si se me cayó de la silla....
Mi madre y yo estábamos tan impresionados con el ritual y con la vecina que no hubo más reproches.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La verdad es que yo veo en las brasas restantes ¡que también te has tomado su leche!

Un abrazo desde Colonia y que florezca tu negocio de almohaditas terapéuticas. Magnífica idea.

Saludos y suerte en el nuevo calendario
HjorgeV