lunes, 21 de abril de 2008

Prosperidad


Giuliano preocupado por las finanzas recordó las clases de prosperidad que había llevado en un instituto metafísico. Su mente le dictaba los más atemorizantes miedos, la mente -como solo ella- podía expresar sus verdaderos miedos sin descanso cual martilleo maldito. Pero recordó que el mundo era una expresión de prosperidad, el inmenso mar, el aire que llenaba sus pulmones, el cielo, el universo con su infinidad de estrellas, los colores con sus matices, la vida misma incontenible, sabe Dios cuantos planetas habitados en el universo. Tomó su auto y se fue por la costa verde bordeando el mar con las ventanas abiertas a 100 km/h. sintiendo el viento y como casi se fundía con el mundo al sentir los chiflones de aire que lo acariciaban. subió al malecón caminó hasta casi llegar al filo del barranco, observó el mar y su inmensidad respiró profundo y su mente le dijo lo tonto que era de preocuparse habiendo tanta abundancia en el mundo. Su mirada se perdió en el mar y en la muerte del sol al fondo del paisaje crepuscular. Es en ese momento en que su mente perversa se perdió con el universo y se sintió caer. Golpeado volvió en sí en algún descanso de la profunda pendiente, siempre vio en los noticieros como los bomberos con su heroísmo acostumbrado salvaban vidas atrapadas en aquel barranco. Pero nadie lo había visto, con intenso dolor se paró, observó el tramo que tenía que subir y caviló si más fácil era caer. No. Había sido casi un milagro, el seguir cayendo le habría causado daños mayores o quizá la liberación final. A duras penas emprendió la subida. En ese momento solo quería a volver a su auto y olvidar las cosas de su mente.

2 comentarios:

esteban lob dijo...

Hola Jorge:

Apreciamos la belleza que nos rodea en instancias de peligro y no cuando todo está bien.

Es muy cierto.

Saludos.

gabriel revelo dijo...

por momentos así es que uno se da cuenta de lo bello del mundo... lastima que no podamos apreciarlos así a diario.

saludos!