sábado, 11 de agosto de 2007

Eutanasia

Anoche Esteban se acostó pensando que en el refrigerador había frejoles y arroz, y que no bien despertase se prepararía un señor tacu tacu con su recutecu. Pero al amanecer se sentía con el estómago lleno y se preguntaba ¿por qué uno se acuesta con hambre y se despierta lleno? Lo que lo despertó fue la inusual bulla proveniente de la madrugadora conversación de sus padres en la sala, cuya frase más usada era "el tío Victorio". Al levantarse fue directamente a la cocina abrió el refrigerador, sacó la mezcla de frejoles con arroz, le agregó cebolla en diminutos pedacitos, mezcló con un tenedor, tomó la sartén, la calentó, en el momento de humear le agregó el aceite, le añadió la mezcla de frejoles, arroz y cebolla, cerró los ojos para sentir el sonido de bienvenida que da la sartén a la mezcla y percibir mejor el olor, a la vez que la tomaba por el mango y la movía con rapidez hacia adelante y atrás para que no se pegue la mezcla con el fondo. En ese cerrar de ojos sus oídos detectaron desde la sala la noticia completa: al tío Victorio le había venido un derrame cerebral y estaba sin sentido en una clínica limeña. Lo del tío Victorio tenía que esperar a que el tacu tacu adquiera un color dorado oscuro y eso se lograba cuando el manipuleo arroje un sonido que muestre que existe un raspeteo entre la parte dorada del tacu tacu con el fondo. Tomó un plato, cubrió la mezcla con este, la puso de cabeza y evacuó el producto casi terminado. Tomó saliva, agregó más aceite aprovechando el calor de la sartén, rompió un huevo y lo añadió. Era el famoso recutecu que sin él no habría el acompañamiento adecuado para el tacu tacu. Ahora sí, con el plato servido y acompañado de un buen café pasado por agua, empezó a recordar al tío Victorio mientras deglutía su trabajado manjar. Sus primeros recuerdos lo llevaron a la ciudad de Trujillo, cuando Esteban era un niño de 6 años. El tío Victorio llegó de visita a la casa, su aspecto bonachón y simpático, acompañado con las sonrisas de los padres que lo acogían con cariño y su andanada de chistes hacía que se tenga a primera vista una tremenda confianza en él. Los problemas empezaron cuando el tío le sugería a Esteban que se suba encima de los muebles y baile sobre ellos, Esteban con tal de vivir y brindar un momento de alegría lo hacía. El tío Victorio sonreía y llamaba a Marta la mamá de Esteban para que venga a ver el prodigio.

- ¡¡¡¡¡Esteban!!!! ¡¡Última vez que te subes a los sillones!!!!! ¡¡¡Una más y ya sabes lo que te pasa!!!!!- molestísima Marta.

- Pero mamá, el tío Victorio

- Qué tío Victorio ni que ocho cuartos ¿qué tiene que ver el tío Victorio?- A la vez que volteaba la mirada hacia Victorio y le daba una sonrisa diciéndole que no se preocupe que esas son locuras de niños.

- Claro, claro, son travesuras, es que todavía está chúcaro.- contestaba el tío Victorio

Al rato Esteban jugaba nuevamente con sus carritos hechos de cartón e imaginación cuando el tío Victorio.

- Esteban pequeñín ¿por qué no vuelves a bailar encima de los sillones?

- Por qué mi mamá me pega si me subo de nuevo.

- No Esteban ¿cómo te va a pegar? Es que ¿sabes qué? Es muy divertido verte bailar sobre los sillones, ¿por qué no bailas? Yo le explico a tu mamá.

Y Esteban vuelta con la danza sobre los sillones, confortado con la sonrisa del tío Victorio.

- Marta, Marta ven - llamó bajito el tío Victorio.

- Bueno Esteban guerra avisada no mata gente - A la vez que Marta se remangaba los puños de la chompa.

Mientras los palmazos eran recibidos por Esteban causándole llanto, éste miraba como el tío Victorio se colocaba en un lugar estratégico donde no podía ser visto por Marta mas si por Esteban. Esteban miraba con rabia la risa del tío Victorio. Mientras recibía el castigo repetía "pero el tío Victorio...". Continuaron llegando a la mente de Esteban más recuerdos, como aquella vez que el tío invitó a su padre a "tomar unas aguas" y lo mandaban a Esteban a comprar las cervezas. El jugaba con sus aviones de plastilina e imaginación a la vez que escuchaba los consejos del tío Victorio:

- Samuel sobrino, el hombre tiene que dominar a la mujer, sino se te sube a la cabeza y te empieza a manejar, para ello hay que darle de vez en cuando su chiquita.

- ¿Su chiquita? - Samuel intrigado

- Claro Samuel, muchacho todavía, no sabes de la vida, no hay que dejar que te pisen el poncho pues.

Y Esteban tenía que acostarse, y el tío Victorio le decía "Compra un par más, antes que te vayas a dormir, mi querido Esteban". Ya solo Esteban recordaba el olor a cigarrillo, la música de la Sonora Matancera, hasta que se quedaba plácidamente dormido, de madrugada despertaba asustado ante los golpes y gritos, también escuchaba las risas y el silbido que venían desde el baño por parte del tío Victorio. Por último Marta corría y golpeaba la puerta del baño gritando "tío Victorio, tío Victorio, ayúdeme me quiere pegar" Y el tío Victorio abría la puerta y con cara de sorpresa decía:

- Samuel, carajo ¿qué te pasa? ¿Te ha dado los diablos azules? ¿Qué no sabes que a una mujer no hay que tocarla ni con el pétalo de una rosa? - Mientras el tío Victorio se ponía como una muralla entre los dos protegiendo a Marta.

- No sé que le a pasado tío, el nunca se porta así, si no fuera por usted, me mata - decía Marta.

Divagaba entre sus recuerdos, por momentos volvía al tacu tacu sin percatarse que su madre lo miraba.

- ¡Cómo te gusta el tacu tacu! ¿Cómo vas a hacer cuando te cases?

- Hola mamá ¿qué tiene que ver el matrimonio con el tacu tacu?

- Los gases pues hijo, a la hora de dormir son el problema.

- Bueno mami como decía la tía Mica "pedo con sueño no tiene dueño"

- Mami estuve escuchando ¿el tío Victorio está mal?

- Si le ha dado derrame cerebral.

- En esta vida todo se paga mamá.- le dijo Esteban

- Si, seguramente, termina rápido el tacu tacu que vamos a ir a la clínica a verlo.

Esteban recordó que a los enfermos hay que llevarles alegría, puesto que la alegría aumenta el sistema inmunológico y los recupera más rápido.

Al llegar a la clínica su padre se le acercó antes de entrar en contacto con los demás familiares.

- Esteban carajo, sé que el tío Victorio no te cae bien pero por respeto quítate esa cara de alegría.

- Es que papá lo que necesitan los enfermos es eso, alegría para que se recuperen rápido.

- Pero pasa que tu tío está inconsciente, no ve nada, no escucha nada, no se mueve nada, nada de nada, está como muerto, no necesita nada de alegría, sino que sus hijos van a pensar que estás feliz con lo que ha pasado.

- Bueno trataré.

El médico pidió que los familiares entren uno por uno a verlo. Esteban entró tras su abuela que era precisamente la hermana del tío Victorio. La abuela gesticulaba y hablaba algo Esteban se preguntó ¿estaría rezando? Intrigado se acercó pero no le dijo a la abuela que su turno terminaba sino que escuchó lo que la abuela decía:

- Dios mío, ya que se lo ve que está mal, recógelo para que no sufra, llévalo a tu santo seno...

Esteban había leído que los enfermos inconscientes o en estado de coma escuchan todo lo que se les habla, no le pareció muy adecuado que la abuela rece tamaña oración delante del tío.

- Abuela ya se acabó el tiempo, me toca a mí.

- Gracias hijito. - Le dio un beso a su hermano y se fue.

Esteban se acercó, le tomó la mano y le habló.

- Tío ánimo, se va a recuperar va a ver que todo va a salir bien y va a volver a jugar billar con sus amigotes allá en la Victoria. ¿tío me escucha?- A Esteban le pareció que le apretaba la mano- Tío como usted decía en esta vida todo se paga, ¿se acuerda cuando hacía que me pegue mi vieja? ¿Y cuando hacía que mis viejos se peleen? Bien basura a sido, pero igual tío le perdono todo por que también recuerdo que me llevaba al circo, al cine, me compraba chocolates, frutas, me daba helados en invierno, también tiene sus cosas buenas, así que le perdono todo tío y le pido a Dios que se recupere...

Esteban sintió esta vez con seguridad que el tío Victorio le apretaba las manos, sintió un mareo, luego un vacío como cuando alguien cae a un precipicio, al reaccionar de inmediato y regresar estaba recostado, no podía abrir los ojos, escuchó su propia voz diciendo

- No sé que misterio a pasado sobrino, pero ahora ¡tengo tu cuerpo!!!! ¡¡¡Soy joven de nuevo!!! Claro, no tan guapo como antes pero algo es algo, no te preocupes sobrino, sé como se siente estar atrapado en el cuerpo, pero vamos a hacerte una eutanasia para que no sufras, no te preocupes sobrino yo lo arreglo todo.

El cuerpo de Esteban tomó con sus dos manos al del tío Victorio, lo apretó fuerte y le dijo:

- No sufrirás con un poco de cianuro lo haremos bacán, pero primero vamos a agotar la vía legal, gracias sobrino, no sé como lo has hecho pero gracias.

Esteban escuchó todo y sintió como su cuerpo le apretaba las manos, lo soltaba y daba algunos pasos alejándose. También sintió que el tacu tacu había sido reemplazado por un tubito de algo que entraba por su brazo. Le dio un tremendo hambre pero estaba inmóvil.

Y el cuerpo de Esteban se alejó silbando. (Continuará)

2 comentarios:

Pamela dijo...

jorge cuando un libro? dios pero es tu siempre me dejas con un escalofrio por dentro en tus historias y que lata con este Tío felizmente no tengo este tipo de tios que gozan si me castigan más bien muchos han sido mis complices jeje ,
WOA en serio me gusto como lo has relatado ,
besos

gabriel revelo dijo...

y la segunda parte???

vaya, torciste bien la trama... no me hubiera imaginado lo que sucedió, y lo mejor, aun habrá más!!!!!!

pues ni modo, a esperar...

por cierto, ya me dio hambre, voy a comer (ahora que puedo, no me vaya a pasar lo que al pobre del protagonista).