miércoles, 29 de agosto de 2007

El Pacto

El abuelo había fallecido y después del entierro un café acompañaba la conversación familiar.
- ¿Cómo será el otro mundo? - Preguntó Margarita la hija adolescente.
- ¿Si uno tuviera forma de saberlo? Es un total misterio- Comentó Alberto el padre
- Familia - dijo Josefina- ¿Por qué no hacemos un pacto?
- ¿Un pacto? ¿cómo es eso? - Inusualmente interesada Margarita que casi nunca conconcordaba con las ideas de sus padres.
- Pues simple, el primero que muere le muestra a los demás como es el otro mundo.
- No es que sea cruel pero es realista hablar con la abuela sobre esto, es más probable que ella pueda hacérnoslo conocer antes. - dijo Alberto.
- Pero ¿cómo le decimos?
- Ya los escuché - dijo la abuela parada bajo el lindero de la puerta- estoy de acuerdo cuando muera les jalaré las patas.
- No seas mala pe abue, no nos des miedo.
- No se preocupen no les voy a hacer nada pero veré la forma de enseñarles el más allá, claro si me toca primero, en la vida nunca se sabe.
- Bien entonces familia ¡trato hecho! al primero que le pase algo, busca la forma de comunicarle como es el otro mundo a los demás - selló Alberto la conversación todos se abrazaron al centro de la sala para dar por sentado el pacto.
Los años pasaron y fue Alberto que conduciendo por la avenida que bordea las playas de Lima llamada Costanera sufrió un golpe con una piedra que reventó el parabrisas por efecto de una combinación mortal de velocidad con un sismo que azotó la capital. Quedó en estado de coma, estaba en una cama de hospital rodeado de muchas camas, lo tenían con suero y respiración artificial a 20 soles la hora. Margarita ya hecha una señorita miraba a su padre con mucha pena evocando los momentos de su vida con él, quien de un momento a otro recobró el ánimo y dijo:
- Margarita, no te olvides del pacto, meditación es importante allí será.
La familia hace unos años había seguido un curso de meditación en su búsqueda de encontrar la paz espiritual tranquilizando el pensamiento, todos los miembros del pacto se reunían los fines de semana para practicar, incluyendo a la abuela que inicialmente se oponía pero que con el tiempo se volvió practicante diaria.
El cuerpo de Alberto no resistió y llegó el momento de partir, se cumplió con el ritual del velorio y entierro y en vez del café se reunieron para meditar.
Las luces se apagaron, se alumbraban con una gran vela que los arrullaba desde la mesa de centro, se sentaron en posición de loto y reinó el silencio. Como les había enseñado alguna vez un maestro repitieron un mantra doce veces, luego empezaron cada uno dentro de su mente a realizar preguntas obvias como por ejemplo ¿cómo te llamas? ¿dónde naciste? así hasta llegar a preguntar por Alberto. Un frío invadió la sala. El mensaje era: "Esto es un error, estoy vivo ayúdenme". El ritual de la meditación continuó. Cuando cada uno retornó del trance los rostros eran de preocupación.
- ¿Qué hacemos? - Preguntó Margarita
- Vamos al cementerio. - dijo la abuela
- Pero debe estar cerrado a esta hora de la noche.
- Qué importa vamos igual- dijo Josefina.
Al llegar al cementerio tuvieron que convencer al vigilante, mostrar sus documentos, jurarle que no eran estudiantes de medicina. El tiempo pasaba y puede que Alberto este vivo. Margarita sacó fuerzas y tiró la pared del nicho con el cemento algo fresco todavía. Sacaron el ataud que estaba entreabierto. Lo encontraron con los ojos abiertos y las manos empujando hacia arriba en actitud desesperada. Se miraron unos a otros aterrorizados.
- ¿Y ahora que hacemos?- intrigada y confundida Margarita.
- Reunirnos mañana - orientó la abuela- en la meditación de mañana esta vez quizá Alberto nos muestre lo prometido.

jueves, 23 de agosto de 2007

Sí, te creo

La niña hablaba sola en su cuarto. Su condición de hija única la hacía que le presten especial atención, era preocupante el hecho que todas las noches la niña de 7 años se ponga a hablar sola con seres desconocidos.
- ¿Con quién hablas Sofi ? - Preguntaba la madre.
- Con mis amigos sin cabeza.
- ¿Amigos sin cabeza?
- Si ellos me hablan de los misterios del universo ¿sabias que existen más mundos hermosos llenos de vegetación?
- ¿Tu crees?
- Si mamá ellos los sin cabeza son muy buenos y quieren llevarme a conocer esos mundos.

La llevaron a un psicólogo, éste les explicó que al ser hija única y no tener en casa con quien jugar, su imaginación suplía esta carencia con esos seres sin cabeza.
- ¿Cómo son esos seres Sofía? - Preguntó el psicólogo.
- No tienen cabeza flotan por el aire y tienen un camisón como el mío.
- ¿Lo ve señora? Su imaginación los crea y los crea casi casi como ella es, hasta cierto punto es normal, no es como para preocuparse, poco a poco irán desapareciendo, solamente hay que repetirle a Sofía que es su imaginación para que sepa diferenciar la realidad de lo ficticio, nada más.
Pero las conversaciones continuaban.
- Sofi ¿sigues hablando con tu imaginación? - le pregunta su papá siguiendo las indicaciones del psicólogo.
- No son mi imaginación papá son seres que vienen de otro universo ¿no me crees no papá?
- Sí, te creo pero hija debes darte cuenta que son seres imaginarios vienen de tu cabecita.
- No papá vienen por la ventana.
- ¿la ventana?
La habitación de Sofía estaba ubicada en una casona antigua y tenía una ventana redonda en la parte media superior de la pared, cuando no estaban los seres de Sofía, en noches de luna, su luz alumbraba la cama. El padre decidió clausurar aquella ventana ante las protestas de Sofía.
Aquella noche Sofía estaba por fin en silencio. El padre llamó al psicólogo que era un vecino amigo de él.
- ¿Escuchas? - le dijo el padre.
- Pero si no escucho nada.
- Por fin una noche en silencio, tenías razón tarde o temprano tenía que pasar. Aunque yo también ayudé un poco pues clausuré la ventana que supuestamente era el ingreso de esos seres.
- Buen trabajo doctor - le dijo contenta la mamá - voy a entrar despacito a verla.
- ¿Vamos a tomar un traguito? Es como recompensa.
- Para eso me pagan, esta bien, pero antes quisiera verla también.
- Muy bien vamos a verla.
Cuando los tres ingresaron a la habitación, la luz de la luna ingresaba por la abierta ventana.
- ¿No la habías clausurado? - Preguntó la mamá.
- Si, y ella es muy pequeña para abrir la ventana ¿cómo se abrió?
Se acercaron a la cama y la niña dormía plácidamente pero cuando la madre levantó la frazada para acomodarla mejor sobre su hija, emitió un grito desgarrador. El cuerpo de Sofía se había ido en busca de otros mundos con vegetación que existen en el universo, mientras la cabeza descansaba sobre la cama. (basado en una serie peruana vista por los años 70 cuando estaba muy pequeño).

sábado, 11 de agosto de 2007

Eutanasia

Anoche Esteban se acostó pensando que en el refrigerador había frejoles y arroz, y que no bien despertase se prepararía un señor tacu tacu con su recutecu. Pero al amanecer se sentía con el estómago lleno y se preguntaba ¿por qué uno se acuesta con hambre y se despierta lleno? Lo que lo despertó fue la inusual bulla proveniente de la madrugadora conversación de sus padres en la sala, cuya frase más usada era "el tío Victorio". Al levantarse fue directamente a la cocina abrió el refrigerador, sacó la mezcla de frejoles con arroz, le agregó cebolla en diminutos pedacitos, mezcló con un tenedor, tomó la sartén, la calentó, en el momento de humear le agregó el aceite, le añadió la mezcla de frejoles, arroz y cebolla, cerró los ojos para sentir el sonido de bienvenida que da la sartén a la mezcla y percibir mejor el olor, a la vez que la tomaba por el mango y la movía con rapidez hacia adelante y atrás para que no se pegue la mezcla con el fondo. En ese cerrar de ojos sus oídos detectaron desde la sala la noticia completa: al tío Victorio le había venido un derrame cerebral y estaba sin sentido en una clínica limeña. Lo del tío Victorio tenía que esperar a que el tacu tacu adquiera un color dorado oscuro y eso se lograba cuando el manipuleo arroje un sonido que muestre que existe un raspeteo entre la parte dorada del tacu tacu con el fondo. Tomó un plato, cubrió la mezcla con este, la puso de cabeza y evacuó el producto casi terminado. Tomó saliva, agregó más aceite aprovechando el calor de la sartén, rompió un huevo y lo añadió. Era el famoso recutecu que sin él no habría el acompañamiento adecuado para el tacu tacu. Ahora sí, con el plato servido y acompañado de un buen café pasado por agua, empezó a recordar al tío Victorio mientras deglutía su trabajado manjar. Sus primeros recuerdos lo llevaron a la ciudad de Trujillo, cuando Esteban era un niño de 6 años. El tío Victorio llegó de visita a la casa, su aspecto bonachón y simpático, acompañado con las sonrisas de los padres que lo acogían con cariño y su andanada de chistes hacía que se tenga a primera vista una tremenda confianza en él. Los problemas empezaron cuando el tío le sugería a Esteban que se suba encima de los muebles y baile sobre ellos, Esteban con tal de vivir y brindar un momento de alegría lo hacía. El tío Victorio sonreía y llamaba a Marta la mamá de Esteban para que venga a ver el prodigio.

- ¡¡¡¡¡Esteban!!!! ¡¡Última vez que te subes a los sillones!!!!! ¡¡¡Una más y ya sabes lo que te pasa!!!!!- molestísima Marta.

- Pero mamá, el tío Victorio

- Qué tío Victorio ni que ocho cuartos ¿qué tiene que ver el tío Victorio?- A la vez que volteaba la mirada hacia Victorio y le daba una sonrisa diciéndole que no se preocupe que esas son locuras de niños.

- Claro, claro, son travesuras, es que todavía está chúcaro.- contestaba el tío Victorio

Al rato Esteban jugaba nuevamente con sus carritos hechos de cartón e imaginación cuando el tío Victorio.

- Esteban pequeñín ¿por qué no vuelves a bailar encima de los sillones?

- Por qué mi mamá me pega si me subo de nuevo.

- No Esteban ¿cómo te va a pegar? Es que ¿sabes qué? Es muy divertido verte bailar sobre los sillones, ¿por qué no bailas? Yo le explico a tu mamá.

Y Esteban vuelta con la danza sobre los sillones, confortado con la sonrisa del tío Victorio.

- Marta, Marta ven - llamó bajito el tío Victorio.

- Bueno Esteban guerra avisada no mata gente - A la vez que Marta se remangaba los puños de la chompa.

Mientras los palmazos eran recibidos por Esteban causándole llanto, éste miraba como el tío Victorio se colocaba en un lugar estratégico donde no podía ser visto por Marta mas si por Esteban. Esteban miraba con rabia la risa del tío Victorio. Mientras recibía el castigo repetía "pero el tío Victorio...". Continuaron llegando a la mente de Esteban más recuerdos, como aquella vez que el tío invitó a su padre a "tomar unas aguas" y lo mandaban a Esteban a comprar las cervezas. El jugaba con sus aviones de plastilina e imaginación a la vez que escuchaba los consejos del tío Victorio:

- Samuel sobrino, el hombre tiene que dominar a la mujer, sino se te sube a la cabeza y te empieza a manejar, para ello hay que darle de vez en cuando su chiquita.

- ¿Su chiquita? - Samuel intrigado

- Claro Samuel, muchacho todavía, no sabes de la vida, no hay que dejar que te pisen el poncho pues.

Y Esteban tenía que acostarse, y el tío Victorio le decía "Compra un par más, antes que te vayas a dormir, mi querido Esteban". Ya solo Esteban recordaba el olor a cigarrillo, la música de la Sonora Matancera, hasta que se quedaba plácidamente dormido, de madrugada despertaba asustado ante los golpes y gritos, también escuchaba las risas y el silbido que venían desde el baño por parte del tío Victorio. Por último Marta corría y golpeaba la puerta del baño gritando "tío Victorio, tío Victorio, ayúdeme me quiere pegar" Y el tío Victorio abría la puerta y con cara de sorpresa decía:

- Samuel, carajo ¿qué te pasa? ¿Te ha dado los diablos azules? ¿Qué no sabes que a una mujer no hay que tocarla ni con el pétalo de una rosa? - Mientras el tío Victorio se ponía como una muralla entre los dos protegiendo a Marta.

- No sé que le a pasado tío, el nunca se porta así, si no fuera por usted, me mata - decía Marta.

Divagaba entre sus recuerdos, por momentos volvía al tacu tacu sin percatarse que su madre lo miraba.

- ¡Cómo te gusta el tacu tacu! ¿Cómo vas a hacer cuando te cases?

- Hola mamá ¿qué tiene que ver el matrimonio con el tacu tacu?

- Los gases pues hijo, a la hora de dormir son el problema.

- Bueno mami como decía la tía Mica "pedo con sueño no tiene dueño"

- Mami estuve escuchando ¿el tío Victorio está mal?

- Si le ha dado derrame cerebral.

- En esta vida todo se paga mamá.- le dijo Esteban

- Si, seguramente, termina rápido el tacu tacu que vamos a ir a la clínica a verlo.

Esteban recordó que a los enfermos hay que llevarles alegría, puesto que la alegría aumenta el sistema inmunológico y los recupera más rápido.

Al llegar a la clínica su padre se le acercó antes de entrar en contacto con los demás familiares.

- Esteban carajo, sé que el tío Victorio no te cae bien pero por respeto quítate esa cara de alegría.

- Es que papá lo que necesitan los enfermos es eso, alegría para que se recuperen rápido.

- Pero pasa que tu tío está inconsciente, no ve nada, no escucha nada, no se mueve nada, nada de nada, está como muerto, no necesita nada de alegría, sino que sus hijos van a pensar que estás feliz con lo que ha pasado.

- Bueno trataré.

El médico pidió que los familiares entren uno por uno a verlo. Esteban entró tras su abuela que era precisamente la hermana del tío Victorio. La abuela gesticulaba y hablaba algo Esteban se preguntó ¿estaría rezando? Intrigado se acercó pero no le dijo a la abuela que su turno terminaba sino que escuchó lo que la abuela decía:

- Dios mío, ya que se lo ve que está mal, recógelo para que no sufra, llévalo a tu santo seno...

Esteban había leído que los enfermos inconscientes o en estado de coma escuchan todo lo que se les habla, no le pareció muy adecuado que la abuela rece tamaña oración delante del tío.

- Abuela ya se acabó el tiempo, me toca a mí.

- Gracias hijito. - Le dio un beso a su hermano y se fue.

Esteban se acercó, le tomó la mano y le habló.

- Tío ánimo, se va a recuperar va a ver que todo va a salir bien y va a volver a jugar billar con sus amigotes allá en la Victoria. ¿tío me escucha?- A Esteban le pareció que le apretaba la mano- Tío como usted decía en esta vida todo se paga, ¿se acuerda cuando hacía que me pegue mi vieja? ¿Y cuando hacía que mis viejos se peleen? Bien basura a sido, pero igual tío le perdono todo por que también recuerdo que me llevaba al circo, al cine, me compraba chocolates, frutas, me daba helados en invierno, también tiene sus cosas buenas, así que le perdono todo tío y le pido a Dios que se recupere...

Esteban sintió esta vez con seguridad que el tío Victorio le apretaba las manos, sintió un mareo, luego un vacío como cuando alguien cae a un precipicio, al reaccionar de inmediato y regresar estaba recostado, no podía abrir los ojos, escuchó su propia voz diciendo

- No sé que misterio a pasado sobrino, pero ahora ¡tengo tu cuerpo!!!! ¡¡¡Soy joven de nuevo!!! Claro, no tan guapo como antes pero algo es algo, no te preocupes sobrino, sé como se siente estar atrapado en el cuerpo, pero vamos a hacerte una eutanasia para que no sufras, no te preocupes sobrino yo lo arreglo todo.

El cuerpo de Esteban tomó con sus dos manos al del tío Victorio, lo apretó fuerte y le dijo:

- No sufrirás con un poco de cianuro lo haremos bacán, pero primero vamos a agotar la vía legal, gracias sobrino, no sé como lo has hecho pero gracias.

Esteban escuchó todo y sintió como su cuerpo le apretaba las manos, lo soltaba y daba algunos pasos alejándose. También sintió que el tacu tacu había sido reemplazado por un tubito de algo que entraba por su brazo. Le dio un tremendo hambre pero estaba inmóvil.

Y el cuerpo de Esteban se alejó silbando. (Continuará)

domingo, 5 de agosto de 2007

La Tía Micaela

Eran mis épocas escolares, cuarto de secundaria, año 1983, recuerdo que hacía un trabajo para el curso de literatura haciendo un resumen de la novela "Tierra Embrujada" del autor piurano Francisco Vegas Seminario, en aquella época el tener computadoras personales era sueño inalcanzable, por ello se utilizaba la máquina de escribir. La casa de mis abuelos piuranos contaba con un comedor de diario adjunto a la cocina, por ello mientras mi abuela preparaba el segundo desayuno de la mañana que consistía en un café negrísimo acompañado de pescado frito con pan, avanzaba mi asignación matizándola de rato en rato con la conversación con mi abuela Fausta. El tema era uno solo: la tía Micaela a quien le llamamos de cariño "tía Mica". Hablábamos que ella era un símbolo de integración pues no se sabía a ciencia cierta si era piurana o ecuatoriana, pues cuando habían elecciones ya sea en Perú o en Ecuador ella -que contaba con ambos documentos de sufragio- participaba en ambas decisiones cual si fuéramos un solo país, pero cuando se refería a los piuranos les llamaba "mis paisanos". Hablábamos de ella pues se encontraba hospitalizada en una clínica. En la misma casa mi abuelo Pío tenía su despacho donde ejercía la contabilidad. Todo marchaba tranquilo yo casi concentrado en mi resumen y golpeteando con la máquina, y mi abuela con la freidera cuando de pronto me dice:
- hijo ¿hueles?
- Sí - contesté -, el pescado está buenazo y con el olor a café más todavía.
- No, no ¿no hueles a incienso? - Aspiré lo más que pude, traté de sensibilizarme lo más posible.
- No abuela, solo huelo el pescadito y el café.
- No hijo , es incienso, ay Dios mío se nos murió la Mica, voy a la oficina de tu abuelo a avisarle.
- Pero ¿cómo puede estar segura?
- Es que huele a incienso pues hijo, se está despidiendo la Mica.
Mi abuela se disponía a caminar rumbo a la oficina de mi abuelo, mientras yo inspiraba tratando de encontrar algún olor extraño, me acercaba a la cocina cuando sentí los pasos de mi abuelo y al vernos nos dijo:
- ¿Sintieron? Ese olor a incienso es que se está despidiendo la Mica.- yo continué aspirando y solo el pescado y el café se mostraban en mi olfato. Decidí ir al baño para limpiarme la nariz pero en el camino sonó el teléfono el cual contesté. Era un tío mío.
- Hola Jorge, pásame con uno de tus abuelitos la tía Mica ya murió.
- Sí ya sé
- Pero ¿cómo? Si yo soy el único que estaba aquí cuando murió hace sólo un ratito.
- Después te cuento, te paso con mi abuelo.