lunes, 2 de julio de 2007

Una mosca

Un día cualquiera en un rincón cualquiera, algo microscópico sobre mi mesa llamó la atención alimenticia de una mosca. Como es una inconsciente costumbre humana , la espanté (o traté de espantar, casualmente esta diferencia es la que me anima a escribir esto). A los pocos segundos ante tan apetecible manjar la mosca de una manera tenaz, volvió al ataque recibiendo de mi parte el mismo efecto: el tratar de espantarla (?). Ya de forma calificada como terca e irresponsable para su existencia, el insecto en análisis, volvió a efectuar su intento de alimentarse recibiendo a su vez el drástico intento de matarla mandándole un manazo pero a una velocidad regulada de tal manera que lograse escapar y no ensuciarme con un cadáver de mosca. Esperaba que con aquella seria amenaza contra su vida, el díptero tomara las cosas seriamente y simplemente se vaya a un lugar más propicio como un basurero para alimentarse. Para mi sorpresa ésta regresó y volvió a intentar hasta que no tuve más remedio que buscarme un trapo y limpiar mi mesa. Como soy de la creencia que el planeta es una escuela de vida para prepararnos para vidas posteriores, empecé a darle vueltas al asunto, pero, con la irreverente idea de reprocharle a Dios por habernos mandado tan impertinente compañera de vida. ¿Qué me puede enseñar una terca mosca? Bueno, si se hubiera topado con otra persona que no respeta la vida de los insectos ésta ya estaría muerta producto de su terquedad. Sí, podría ser una lección. ¿Cómo hubiese actuado un ser humano ante tantas amenazas contra su vida? Yo sencillamente me hubiera buscado una manera menos riesgosa de alimentarme. Pero ¿si es tan importante para mí lo que quiero obtener (como parece que lo es para la mosca)? Buscaría perseverantemente, quizá atacaría a quien me agredió ¿y si caigo en la acción? Moriría en mi ley como probablemente muera la mosca. Pero ¿la mosca es consciente de la amenaza? No, porque si lo fuera se hubiera ido (lo mismo he intentado con las hormigas, éstas cambian su estrategia, arriesgan el mínimo de vidas, en ellas existe un curioso colectivo, que no se ve ante la aparente soledad y falta de comunicación de una mosca). Pero hay una diferencia en la muerte humana con la muerte de un díptero. El humano que muere en lucha es muy probable que muera con odio, con ánimo de venganza, tal vez con miedo, por que la muerte le pisa los talones durante toda su existencia en forma de temor, hasta que lo alcanza. La mosca, no es consciente del peligro, ni del intento de agresión, ni tampoco es consciente que su presencia es molesta para el hombre. La mosca toma la agresión y la muerte como el hombre toma los efectos de un desastre natural. Una vez que una carretera es bloqueada por un aluvión o huaico, el ser humano une esfuerzos para vencer los efectos y restablecer el tránsito en la zona afectada, se han visto casos de pueblos enteros arrasados y vueltos a levantar, y a pesar de la repetitividad de desastres vuelve a luchar ¿es una actitud terca del hombre? ¿cómo es su actitud agónica frente a la naturaleza? Ni odios ni venganzas, sería una locura maldecir a la naturaleza, no existe mano humana (aparente) por lo tanto no hay ánimo de conflicto. Los sobrevivientes sí encontraran en el gobierno y la sociedad civil en quien personificar la rabia de la pérdida material. Al igual que la mosca no sabe que su presencia trae una serie de microorganismos dañinos para el hombre, pero sin quererlo el hecho de pisar la piel humana o de compartir su mismo ambiente es causa para el efecto de buscar su muerte, ¿existirán leyes que el hombre transgrede produciendo la causa de un desastre natural? La mosca no tiene una capacidad biológica para pensar, analizar y darse cuenta, de manera que está justificada hasta cierto punto su terca actitud. Pero ¿y el hombre? Continúa enfrentándose contra fuerzas que no puede medir que lo llevan a actitudes donde aparentemente cree que tiene el control, por el simple hecho de que cada vez encuentra técnicas más precisas para predecir desastres o condiciones climatológicas, pero ¿quién crea las condiciones? El hombre posiblemente, sin saberlo como una mosca, sin saberlo como la mosca nunca supo cómo produjo en mí una agresión.

2 comentarios:

Gonzalo Del Rosario dijo...

Buena metáfora de la vida, a veces en lo más simple uno puede encontrar las respuestas . . . como cuando ahogué a una abeja en la miel de higo con la que intentaba bañar mis picarones, la abeja murió feliz, eso es seguro.
En caso contrario, al próximo que le tocó rociar sus picarones con miel, debe haberse llevado una dolorosa sorpresa.

gabriel revelo dijo...

después de una reflexión así, creo que el preguntarse ¿quién es realmente el animal? sale sobrando.