viernes, 20 de julio de 2007

Muerte Natural

El viaje parecía iba a hacerse largo, y más todavía que iba a viajar solo, lógicamente rogaba que me tocase de compañero de asiento, una linda rubia de ojos verdes o quizás una trigueña con ojos chisporroteantes.

Al subir al bus, destino: Trujillo, conocí a mi compañero de asiento, por lo menos era mujer, aunque no pude saber si había sido rubia o morocha pues el cabello lo tenía cano. Supongo tendría así como 76 ó 77 años.

El bus empezó a andar, era de noche, había luna llena. Estaba sentado al lado de la ventana, y veía con entretenimiento el reflejo de la luz sobre ella. El cielo, paisaje oscuro alumbrado de estrellas y luna, me hacían soñar despierto, pensaba en alguna que otra amiga, inventaba alguna escena romántica, quería suspirar, pero no lo hacía por vergüenza, ya que la anciana tampoco había conciliado el sueño. La ocasión era propicia para entablar una conversación que pudiera entretenerme, pero la anciana no me llamaba la atención.

Continué mirando el paisaje, como una necesidad corporal mi mente creaba imágenes obscenas dignas de observarlas en alguna sala de cine pornográfico, era lógico, hacía tiempo que no visitaba esos sitios de "falso amor", y la mente no se si por necesidad o placer llama siempre en esos casos a esos sueños.


Vestía blue jeans apretado, mientras se sucedían los sueños en forma normal, mi corazón latía frenético y algo dentro de él crecía, a tal punto que me causaba gran dolor aquel contacto con la tela. Miré a mi compañera del costado: visiblemente dormida. Las luces ya estaban apagadas, como se acostumbra para que los pasajeros duerman. Al no soportar el dolor, decidí bajar el cierre, acomodar bien la cuestión y asunto arreglado. Empecé a efectuar lo expuesto anteriormente, traté de acomodarlo. No podía. Seguía igual o peor, pues ya podía explayarse libremente. Preocupado, trataba de pensar en fútbol, religión, historia, política, etc. Era inútil. Derrepente, sentí una mano que lo agarraba. No era la mía. De inmediato me dí cuenta que era la anciana, la miré con cara de sorpresa, ella con la mano desocupada hacía un ademán de silencio. La vieja recordaba sus viejos tiempos con creces; pensaba yo aun más en religión, respiraba hondo para no eyacular, cuando el movimiento manual de la anciana cesó. Mas su mano apretaba más fuerte aún. La miré, parecía dormida, no sentía ya calor y en su mano había una frialdad que provenía de ultratumba.

Le tomé el pulso, para mi horror descubrí que estaba muerta. De inmediato traté de sacar su mano del lugar incómodo donde se encontraba. No podía, parecía tornillo atorado, me desesperaba, traté toda la noche. Fue inútil.

La oscuridad se abría, la luna se ocultaba y daba paso al amanecer. Continuaba desesperado pues la gente ya iba a despertar ¿y la mano? seguía allí, a pesar que mi pensamiento era trágico, la cuestión no se reducía como para sacarla. Me tapé con mi casaca.


El viaje llegaba a su fin, miraba los primeros paisajes trujillanos, sudaba frío, no por nostalgia de volver a una linda tierra, sino porque ya nos acercábamos a el paradero y había que bajar. En eso, demostrando Dios su existencia escuchó mi súplica: ¡aleluya! el bus frenó de golpe, casi choca con un micro bus imprudente, a pesar que fue un impacto sin importancia para los demás pasajeros, lo fue para mí, pues la mano de la anciana se abrió al chocar su cabeza con el asiento de adelante. Su cuerpo cayó. Al ver que no levantaba, la gente asustada se acercó para mirarla; aproveché aquel momento para acomodarme bien. La auscultó un médico que viajaba con nosotros. La declaró muerta.

- Oiga señor usted como compañero de asiento de la anciana ¿notó algo extraño en su comportamiento?.- Preguntó al cabo de algún tiempo un inspector de la policía.

- No nada.- Contesté.

- Que dulce muerte la de la señora, así quisiera morir yo. - Decía el policía.- Primera vez que veo un rostro que refleja tanto placer al morir.

- ¿Cúal fue el diagnóstico del forense?.- Pregunté.

- Muerte natural.- Contestó, al mismo tiempo que prendía un cigarrillo y esbozaba una leve sonrisa.

5 comentarios:

gabriel revelo dijo...

si los camiones nocturnos hablaran!!!!

menos mal que freno el autobus, no me imagino que hubiera sido peor: la pena de la situación en si, o el lio legal en el que se hubiera metido el protagonista.

Le Cosmic Mutant dijo...

oye me ha gustado mucho tu blog, me he reido con Ludwig un poco. te hice un enlace desde mi blog. saludos...

agustin

Pamela dijo...

epa! que tal hostyoria esos toques de humor jaja ayyy bueno no he tenido alguna experiencia igual a la tuya no se es que eso de l amuerte a mi me da escalofrios.
Pero a pesar de todo eso que historia tan bonita .
Por cierto estraño trujillo solo voy de vez en cuando para algun concurso de marinera.

Juan Arellano dijo...

Buena historia, parte de alguna experiencia propia? Saludos.

Leuzor dijo...

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feliz 28 de julio