miércoles, 4 de julio de 2007

Atrapados

La rutina se quebró de pronto. El ritual de preparación para enviar la chaqueta de su esposo a la lavandería se inició como siempre. Su esposo el Ingeniero, dormía todavía cansado de los festejos de la noche anterior por un reencuentro inesperado con un amigo de infancia. La chaqueta despedía un tufillo cansado y satisfecho de alcohol matizado con tabaco. Poco a poco la papelería se iba distribuyendo entre los clasificados a quedarse y los que irían a la papelera. Vouchers de tarjetas de crédito se quedaban, las de débito se iban después de haber sido hecha pedazos, los documentos clásicos: la tarjeta de crédito, la de débito, el documento nacional de identidad, la licencia de conducir, normalmente todo ello iría en la billetera mas en una ciudad tan impredecible en temas de seguridad como Lima, el dividir el dinero y los documentos era señal de precaución. Aquella papelería hablaba: cual fue el bar, cuantos tragos corrieron por cuenta propia, hasta incluso la hora del final de juerga. Lo que rompió el ritual fueron tres detalles: la hora del final del bar, aquella boleta de un motel y ese documento de identidad de una mujer a simple memoria desconocida, pero con un aire familiar.

El Ingeniero todavía dormía. Sorpresivamente sin rencor, observó la silueta que dibujaba éste bajo la sábana: todo un paisaje de valles hechos de músculos sazonados con masas adiposas que rompían levemente la armonía de un cuerpo perfecto, todo ello adornado con la cresta formada por su intimidad cercana al despertar. Un goteo de sospecha había irrigado las dudas durante los treinta y ocho años de vida matrimonial. El Ingeniero siempre había tenido una explicación racionalmente coherente basada principalmente en un balance económico y temporal. Pero ¿esta vez? ¿Qué podría decir? Estaba atrapado.

Su mente autómata buscaba en el recuerdo aquel rostro familiar de una desconocida con nombre propio. Miró el documento, frío en los datos, frío en ese inexpresivo rostro, su imaginación fue llenándola de vida calentando un personaje, estaba en algún sitio de sus recuerdos ¿dónde? El rostro emergía poco a poco. Estaba llegando a la punta de su conciencia. De pronto la sorprendió el odio. Se imaginó los peores deseos tanto para el Ingeniero como para aquella extraña. Malditos. “¿Cuántas mujeres de esas existen en el mundo? Cautivan a los hombres, les calientan la cabeza, les hacen creer que son seres atractivos pero al fin de cuentas lo que quieren es una sola cosa: dinero”. “Cuando pierden sus trabajos o su fuente de ingreso, los abandonan sin más, pero en el camino ya destruyeron matrimonios”. “Son putas, no son más, aunque pensándolo bien peor que putas por que desarrollan vínculos aparentemente sentimentales, en cambio las putas verdaderas no, dan placer y se van. Estas son unas malditas peor que putas”.

El odio la seguía invadiendo. Respiró hondo. Esta vez lo miró al Ingeniero reposando con odio mezclado con lástima pero ¿lástima a quién? Si por la que debería sentir lástima es por si misma: no tenía salida alguna. Dependía del Ingeniero tanto económica como afectivamente, nunca había tenido otro amor y ni el más mínimo deseo serio de ser infiel. No tenía familia conocida. No tenía actividad rentable que la respalde. No había opción. Estaba atrapada.

Tuvo una idea: ver los correos electrónicos del Ingeniero. Probablemente su clave de acceso sea el número de documento de él o de la extraña.

Probó primero con el número del Ingeniero. Error al digitar su clave. Con el de la extraña. Error al digitar su clave. ¿Olvidó su clave? Conteste a la siguiente pregunta ¿Hincha de qué equipo es? Puso el nombre del gran equipo de los amores del Ingeniero. Se admiró: “¡el muy hijo de puta usa el número de mi documento!”.

Bandeja de entrada, mensajes ya leídos. Había uno solo cuyo asunto decía: “Cuarenta años juntos”. Cliqueó de inmediato y se puso a leer.

Mí amado Juan:

Son 40 años juntos ¡quien lo diría! Esta noche estaremos juntos como siempre lo hemos estado no tanto físicamente pero sí en el espíritu. Hemos pasado muchos momentos difíciles, todavía parece que fue ayer el día más terrible de mi vida cuando me dijiste que habías embarazado a esa niña de 15 que estabas preparando para la universidad (pensé que eran clases de matemáticas sin duda fueron clases de anatomía) y que tenías que casarte. Pensé que te perdía, por momentos te odié, un tipo tan inteligente caer en tentaciones de niñas, pero aquel día tomé la Biblia la abrí al azar y me di cuenta que Dios estaba con nosotros, por medio del libro sagrado me dijo: “El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta”. Aunque sé que no te llevas muy bien con los curas por si te atreves a leer está en 1Corintios Cáp. 13 “Nada más perfecto que el amor”.

Te amo Juan, mi vida sin ti no tiene sentido, la vida me dio todo en lo físico: mis empresas siempre marcharon bien pero de nada vale todo sin ti. Tu y nuestro hijo son lo más valioso en el universo para mí, para él también fue difícil nunca una navidad, nunca un año nuevo, nunca una familia en las horas familiares él siempre preguntaba por qué papá nunca estaba y comprendía y aguantaba. Pero curiosamente a fuerza de extrañarte te amamos más. Todos decían que te olvide, que una empresaria joven tenía el mundo en el bolsillo pero uno siente cuando su alma gemela se cruza por tu vida. Por eso todo lo acepté, hasta ser la segunda después de haber sido la única, pero todo siempre es por algo bueno los designios de Dios son misteriosos mientras que los matrimonios de mis amigas se debilitan, nosotros estamos cada vez más unidos por la distancia. Es un mundo loco y nuestra loca relación funciona y que Dios con su divina complicidad nos siga acompañando. Pero déjame hablarte de hoy, un día tan especial ya está todo listo, nuestro hijo con su señora nos invitarán unos tragos, comeremos algo y luego nos dejarán solos para hacerte las cositas ricas que yo solo sé como te gustan.

No nos falles y con todas las alegrías y las tristezas gracias por los 40 años de felicidad a nuestro loco modo. Por tu brujería que siempre a pesar de todo me tiene atrapada.

Te espero.

Se descubrió con los ojos húmedos recordando aquella llamada extraña que contestó en la navidad de hace algunos años donde un niño reprochante decía sin saludar “papá ¿por qué nunca estás en navidad?” Una voz de fondo le gritó que no llame y se cortó. Un número equivocado que encontró su conexión. A lo lejos se escuchó al Ingeniero en el baño mixionando acompañado de su propio bostezo.

El Ingeniero jugaba con su miembro mientras recordaba las travesuras de la noche anterior, su mente lo recreó todo provocándole una excitación la cual culminó exabruptamente cuando su propio cerebro prendió la alarma con una punzada de recuerdo: “¡Mi chaqueta carajo!” “¡Los documentos de mierda!”. Se sacudió, acomodó todo y se aseó. Se descubrió pálido en el espejo a pesar de los rápidos latidos de su corazón. Su estómago reaccionó devolviendo todo a la vez que su mente elucubraba una excusa. Ya le había pasado aquello muchas veces, cuando te concentras más en una solución ésta no llega. Lo mejor es pensar en otra cosa y con naturalidad saldría la solución. Llenó sus pulmones de aire. Sus manos a pesar de su control no le querían obedecer y temblaban. Salió del baño. Regresó a su habitación y lo primero que buscó fue la silla donde en la madrugada dejó la chaqueta. Con resignación se dio cuenta que no estaba. De repente sintió que una mano le acariciaba el trasero. Era su mujer.

- ¿Te acuerdas de cuando me dabas clases de matemáticas?

Jorge Atarama Sandoval

2 comentarios:

gabriel revelo dijo...

después de todo, la engañada paso a ser consciente de su papel de amante.

suele suceder todo el tiempo... creer que interpretamos un rol que en realidad no nos corresponde.

me gustó mucho.

Juan Arellano dijo...

Sí a mi tmb m gustó, al final ya se tenían claro los papeles, pero no la actitud q tomaría la esposa claro. Como que da para una segunda parte. Saludos.