Recuerdo, azar y misterio

Cuando el niño empezó a pulsar con gran maestría la guitarra su padre no cabía en su gozo. Eran aquellos bolerazos de sus épocas solitarias de amor, de sueños y esperanzas. Épocas vacías. Añoranzas cubiertas por la imaginación que siempre necesita una llave para abrirse. Los inmortales boleros eran la clave para abrir esa carta mágica de sus recuerdos.

Pero un niño de ocho años ¿cómo puede captar esa emoción y sintetizarla en música instrumental? El pulseo proseguía, el ceño del niño se juntaba en expresión romántica, como si sintiera lo que tácitamente poético expresaban las tonadas.

- Tócate otra vez reloj hijito.

- ¿reloj?

- ¿qué? ¿No sabes los nombres hijo? No importa te lo tararearé... reloj no marques las horas por que lalalalalá

- ah ya sé.

- Un momento ¿dónde aprendiste a tocar?

- ¿aprender? ¿qué? ¿para tocar guitarra es necesario aprender?

El padre se quedó estupefacto sin respuesta ¿rompería el encanto con una respuesta?

- Tócate reloj por favor hijo.

Comentarios

Gonzalo Del Rosario ha dicho que…
Wazu y quién era ese chibolo!!! su viejo se hará millonario . . .

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